tenga, sino todo divino, así que su vida es sólo mi Voluntad, la cual llevará a cabo todos mis
designios, sin que nada se pierda. Serás como la gota de agua sumergida en el gran mar, como
un grano en las grandes masas de los graneros; por cuanto la gota de agua parezca como
desaparecida en el mar y el grano en los innumerables granos, no se puede negar ni quitarle el
derecho de que su vida existe. Por eso no temas, y haz de tal manera que pierdas tu vida para
adquirir el derecho de tener por vida mi sola Voluntad”.
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18-21
Enero 28, 1926
Adán, después del pecado hacía los mismos actos de antes,
pero como se sustrajo de la Voluntad Suprema, estaban
vacíos de sustancia de Vida Divina.
(1) Estaba pensando en el Santo Querer Divino, y pensaba entre mí: ¿Cómo pudo ser que
Adán después del pecado, habiendo roto su voluntad con la de Dios, perdió la fuerza, el dominio,
y sus actos no eran tan agradables a Dios para formarle su delicia, mientras que Adán, antes de
pecar había hecho sus actos hacia Dios, los había aprendido, ¿y por qué repitiéndolos después
no sonaban con el mismo sonido, no contenían la plenitud del amor divino y de la completa gloria
de Dios? Ahora, mientras esto pensaba, mi amable Jesús se ha movido en mi interior, y con
una luz que me enviaba me ha dicho:
(2) “Hija mía, antes que todo, Adán antes de que se sustrajera de mi Voluntad era mi hijo,
contenía por centro de su vida y de todos sus actos a mi Voluntad, por lo tanto poseía una fuerza,
un dominio, un atractivo todo divino, por eso su respiro, su latido, sus actos, daban lo divino,
todo su ser emanaba un perfume celestial que a todos nos atraía hacia él, así que nos sentíamos
heridos por todas partes por este hijo, si respiraba, si hablaba, si obraba las cosas más
inocentes, indiferentes y naturales, eran heridas de amor para Nosotros, y Nosotros
entreteniéndonos con él lo colmábamos siempre más de nuestros bienes, porque todo lo que
hacía salía de un solo punto, el cual era nuestra Voluntad, por eso todo nos agradaba, no
encontrábamos nada en que desagradarnos. Ahora, después del pecado Adán descendió del
estado de hijo y se redujo al estado de siervo, y en cuanto rompió con la Voluntad Suprema salió
de él la fuerza divina, el dominio, el atractivo, el perfume celestial, por eso sus actos, su ser, no
daban ya lo divino, sino que se llenó de una sensación humana, que haciéndole perder el
atractivo, no nos sentíamos más heridos, es más, nos poníamos a distancia, él de Nosotros y
Nosotros de él. Nada dice el que él repitiera los mismos actos que hacía antes de pecar, como
en efecto los hacía; ¿pero sabes tú qué son los actos de la criatura sin la plenitud de nuestra
Voluntad? Son como aquellos alimentos sin condimento y sin sustancia, que en vez de gustarlos
disgustan el paladar humano, así disgustan el paladar divino, son como aquellos frutos no
maduros, que no contienen ni dulzura ni sabor; son como aquellas flores sin perfume; son como
aquellos vasos llenos, sí, pero de cosas viejas, frágiles y rotas. Todo esto puede servir a una
estrecha necesidad del hombre y también como una sombra de la gloria de Dios, pero no a la
felicidad y a todo el bienestar de la criatura y a la plenitud de la gloria de Dios. Por el contrario,
¿con qué gusto no se come un alimento bien condimentado y sustancioso? ¿Cómo refuerza a
toda la persona? El solo perfume del condimento estimula el apetito y la avidez de comerlo. Y
así Adán antes de que pecara, con la sustancia de nuestra Voluntad condimentaba todos sus
actos, y por lo tanto estimulaba el apetito de nuestro amor a tomar todos sus actos como el
alimento más agradable para Nosotros, y Nosotros en correspondencia le dábamos nuestro