¡Pobrecito! cuántos trabajos escondidos, cuántos desvelos, cuantos preparativos, cuánto arte
en sus mismos movimientos no prepara para ponerse en actitud, ahora de hacer sonreír al
público, ahora de hacerlo llorar. En todo este trabajo el actor no hace fiesta, más bien suda, se
cansa y se fatiga, y cuando todo le parece que ya está preparado, se dispone a llamar al público
a ver su escena, y por cuanta más gente ve, más siente despuntar en el corazón la alegría,
quién sabe y a lo mejor podrá hacer una bella fiesta, pero el verdadero cumplimiento de su fiesta
es cuando terminada la escena siente correr a manos llenas las monedas de oro y de plata en
sus manos, como aprobación y triunfo de su escena; pero si en cambio después de tantos
preparativos, prepara la mesa, toca y vuelve a tocar trompetas y ninguno se presenta, o poca
gente, que a los primeros actos de su escena lo dejan solo, pobrecito, cómo sufre, y la
esperanza de su fiesta se cambia en luto. ¿Quién ha sido el que ha amargado tanto a aquel
pobre actor tan hábil y tan bueno en hacer sus escenas? ¡Ah! la gente ingrata que no ha querido
ser ni siquiera espectadora de las escenas de aquel pobre actor. Tal es mi Voluntad, que como
hábil actor prepara las escenas más bellas para divertir al hombre en el teatro de toda la
Creación, no para recibir sino para dar: prepara las escenas de luz, de las más refulgentes; las
escenas de floración y de bellezas, las más deslumbrantes; las escenas de fuerza en el
estruendo del trueno, en el estallido del rayo, en el elevarse de las olas y hasta en las alturas de
las montañas más altas; las escenas más conmovedoras del niño que llora, que tiembla
entumecido de frío; escenas dolorosas de sangre y trágicas, y hasta de muerte en mi Pasión;
ningún actor por cuan hábil sea, puede igualarme en la variedad de mis escenas amorosas.
Pero, ¡ay de Mí! cuántos no miran mi Voluntad en todas estas escenas y no toman la sustancia
del fruto que hay en ellas, y cambian en luto las fiestas que se preparaba mi Voluntad en la
Creación y en la Redención, por eso hija mía, no dejes que se te escape nada, todas las cosas
tómalas como don que te hace mi Voluntad, sean pequeñas o grandes, naturales o
sobrenaturales, amargas o dulces, haz que todas entren en ti como dones y cumplimiento de mi
Voluntad”.
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La Divina Voluntad es madre de todas las voluntades
humanas. En la Divina Voluntad no hay muertes.
18-20
Enero 24, 1926
(1) Me sentía abandonada por el Cielo y por la tierra, y pensaba entre mí que Jesús me había
dicho hace ya mucho tiempo, que yo debía vivir en el duro exilio de la vida como si no existiera
nadie más que Jesús y yo, todos debían desaparecer de mi mente y de mi corazón. Y ahora,
después de que todo me ha desaparecido y habituada a vivir sólo con Jesús, también Él ha
huido dejándome sola en poder de amarguras indecibles en el duro estado de aislamiento. ¡Oh!
Dios, qué pena, ten piedad de mí, regresa a quien siente necesidad de tu Vida más que de la
vida propia. Ahora, mientras esto pensaba y otras cosas más desgarradoras aún, que sería
demasiado largo el decirlas, mi dulce Jesús se ha movido en mi interior, y suspirando me ha
dicho:
(2) “Hija de mi Supremo Querer, ánimo en tu aislamiento, éste sirve como compañía a mi
Voluntad abandonada por las criaturas; el dolor de su aislamiento, ¡oh, cómo es más duro que
el tuyo! Mi Voluntad es la Madre de todas las voluntades de las criaturas, Ella, como Madre
ternísima se ha quedado en el centro de la Creación para dar a luz a las voluntades humanas y
tenerlas todas en torno a Ella, subirlas sobre sus rodillas, nutrirlas con la leche de sus