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Enero 10, 1926
El camino y el trabajo que hace la Divina Voluntad en todas las
cosas creadas para llegar a la criatura, a fin de que ella ponga
el último punto para su cumplimiento.
(1) Estaba fundiéndome en el Santo Querer Divino, y la pequeñez de mi mente se perdía en
Él, por todas partes y en todo lo veía siempre en acto de obrar en toda la Creación. ¡Oh! cómo
habría querido seguirlo para darle mi pequeña correspondencia de amor en todo lo que Él
obraba, darle mi gracias, mi adoración profunda, mi mezquina compañía. Ahora, mientras esto
pensaba, mi adorable Jesús se ha movido en mi interior diciéndome:
(2) “Hija mía, mi Voluntad está siempre en camino en las cosas creadas para ir hacia la
criatura, ¿pero quién la completa? ¿Quién pone el último punto al trabajo de mi Voluntad? La
criatura. Esto es, la criatura que toma todas las cosas creadas como cumplimiento de mi
Voluntad; mi Voluntad hace su camino en la semilla, hace que la tierra la reciba, dándole virtud
de hacerla germinar y multiplicarse; hace su camino llamando al agua para regarla, al sol para
fecundarla, al viento para purificarla, al frío para hacerle profundizar sus raíces, al calor para
desarrollarla y hacerla llegar a justa maduración; luego da virtud a las máquinas para cosecharla,
para trillarla, para molerla, y así poder darle sustancia de pan, y llamando al fuego para cocerla
la lleva a la boca de la criatura, a fin de que de ella coma y conserve su vida. Ve entonces
cuánto camino y trabajo ha hecho mi Voluntad en aquella semilla, cuántas cosas creadas ha
llamado sobre esa semilla para hacerla llegar como pan a la boca de las criaturas. Ahora, ¿quién
pone el último paso al camino de mi Voluntad y el cumplimiento del último acto de mi Supremo
Querer? Quien toma aquel pan y lo come como portador del Divino Querer en él, y conforme
come el pan, come mi Querer en él para acrecentar las fuerzas del cuerpo y del alma, para
cumplir en todo la Divina Voluntad. Se puede decir que la criatura es el centro del reposo al cual
mi Voluntad aspira en todos los caminos y trabajos que hace en todas las cosas creadas para
llegar a la criatura; y así en todas las otras cosas creadas que sirven al hombre, mi Voluntad
hace su camino en el mar y trabaja en la multiplicación de los peces; hace su camino sobre la
tierra y multiplica plantas, animales y pájaros; hace su camino en las esferas celestes para tener
todo bajo sus ojos, para hacer que nada le huya y hacerse pies, manos y corazón para cada
criatura, para dar a cada una el fruto de sus innumerables cosechas; pero toda su fiesta es sólo
por quien toma de lo suyo como último punto y cumplimiento de su Supremo Querer. Si no
fuese por mi Voluntad, – que en cuanto se desprendió su Fiat, se dejó en camino en todas las
cosas creadas para hacerlas llegar al hombre, a fin de que tuviese su primer puesto el Fiat
Supremo en quién y para quién todas las cosas habían sido creadas, y así fuera el regulador y
el actor de la misma vida de la criatura – , todas las cosas quedarían paralizadas, y como tantas
pinturas en las cuales no está la vida de las cosas que representan; así que, pobre criatura si mi
Voluntad se retirase de hacer su camino en todas las cosas creadas, todas quedarían como
pinturas, sin producir más el bien que cada cosa contiene hacia el hombre; por eso puedo decir
que no son las cosas creadas que lo sirven, sino mi Voluntad velada, escondida, que se hace
servidora del hombre. ¿No es entonces justo y el más sagrado deber, que el hombre mire en
todas las cosas a mi Suprema Voluntad y la cumpla en todo, e intercambiándose servicio sirva
a Aquélla que no desdeña servirlo aun en las más pequeñas cosas? Y Yo me siento como
correspondido, pagado por mi trabajo cuando veo que llegan al hombre y las toma como
cumplimiento de mi Voluntad. Y por eso hago fiesta, porque la finalidad de mi largo camino en
las cosas creadas ha obtenido mi intento y el cumplimiento de mi Voluntad realizado en la
criatura. Sucede a mi Voluntad como a un actor, el cual debe exponer su escena al público.
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