al mismo don. Por eso, como precursor del don de mi Voluntad que quiero hacer a la criatura
es el conocimiento de Ella, el conocimiento prepara el camino, el conocimiento es como el
contrato que quiero hacer del don que quiero dar, y por cuanto más conocimiento envío al alma,
tanto más es estimulada a desear el don y a solicitar al Divino Escritor que ponga la última firma,
que el don es suyo y lo posee. Entonces, la señal de que quiero hacer don de mi Querer en
estos tiempos, es el conocimiento de Él, por eso sé atenta en no dejar escapar nada de lo que
te manifiesto sobre mi Voluntad, si quieres que Yo ponga la última firma del don que suspiro dar
a las criaturas”.
(4) Después de esto, mi pobre mente se perdía en el Querer Supremo, y hacía cuanto más
podía por hacer todos mis actos en la Divina Voluntad; me sentía investida por una luz suprema,
y mis pequeños actos, en cuanto salían de mí, tomaban lugar en aquella luz y se convertían en
luz, y yo no podía ver ni el punto de la luz en el cual los había hecho, ni dónde encontrarlos, sólo
veía que se habían incorporado en aquella luz interminable y no más, y a mí me resultaba
imposible poder navegar en toda aquella luz inaccesible, estarme dentro sí, pero atravesarla
toda no le era dado a mi pequeñez. Mientras estaba en esto, mi amable Jesús se ha movido en
mi interior y me ha dicho:
(5) “Hija mía, cómo es bello el obrar del alma en mi Voluntad, su acto se une al acto único de
su Creador que no conoce sucesión de actos, porque la luz eterna no es divisible, y si se pudiera
dividir, lo que no puede ser, la parte dividida se volvería tinieblas, así que el acto divino, siendo
luz, de todo su obrar forma un solo acto. Por eso el alma obrando en la luz de mi Querer se une
a aquel acto único de su Creador y toma lugar en el ámbito de la luz de la eternidad, por eso no
puedes verlos, ni en la parte de la luz donde los has hecho, ni donde se encuentran, porque la
luz eterna de Dios, para la criatura, es intraspasable y no se puede abarcar toda, pero ten por
seguro que su acto está en aquella luz, el cual toma lugar en el pasado, en el presente y en el
futuro. Mira el sol, siendo él imagen de la sombra de la luz divina, tiene en parte esta propiedad:
Supón que tú obraras en el punto donde el sol expande su luz solar, tú ves su luz delante, sobre
y detrás de ti, a derecha e izquierda, por eso si tú quisieras ver cuál es la parte de la luz del sol
que toda te circundaba, tú no la sabrías encontrar ni distinguir, sabrías decir sólo que su luz
ciertamente estaba sobre ti. Ahora, aquella luz estaba desde el primer instante en que fue
creado el sol, está y estará, y si tu acto pudiera convertirse en luz solar como se convierte en
luz divina, ¿podrías encontrar tu partecita de luz y la luz que te ha sido dada por el sol para
hacerte obrar? Claro que no, pero sabrías que de ti ha salido un acto que se ha incorporado en
la luz del sol, por eso digo que el vivir en el Querer Supremo es la cosa más grande, es el vivir
Vida Divina. El Celestial Creador en cuanto ve al alma en su Voluntad, la toma entre sus brazos,
y poniéndola en su seno la hace obrar con sus mismas manos y con aquella potencia de aquel
Fiat con el cual fueron hechas todas las cosas; hace descender sobre la criatura todos sus
reflejos para darle la semejanza de su obrar; he ahí por qué el obrar de la criatura se vuelve luz
y se une a aquel acto único de su Creador y se constituye gloria eterna y alabanza continua de
su Creador. Por eso sé atenta y haz que el vivir en mi Querer sea para ti tu todo, a fin de que
jamás puedas descender de tu origen, es decir del seno de tu Creador”.
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