en el llanto, y Yo amo tanto a estos hermanos, que quiero derramar todas sus lágrimas de mis
ojos, no quiero que ni una se me escape, para dar a sus lágrimas, lágrimas de amor, de dolor,
de victoria, de santificación y de divinización’. Cuántas veces mi querida Mamá mirándome
quedaba traspasada al verme todo bañado en llanto, y Ella unía, por el dolor de verme llorar,
sus lágrimas a las mías, y llorábamos juntos; a veces me veía obligado a esconderme para dar
desahogo al llanto para no traspasar su inocente y materno corazón, otras veces esperaba a
que mi Celestial Mamá, por necesidad, se ocupara en sus quehaceres domésticos para dar
desahogo a mis lágrimas para poder completar el número de las lágrimas de todas las criaturas”.
(3) Entonces yo al oír esto le he dicho: “Jesús, amor mío, ya que también mis lágrimas han
sido derramadas por tus ojos, como también las de nuestro primer padre Adán, yo quiero que
las derrames sobre mi alma para darme la gracia no sólo de hacer tu Santísima Voluntad, sino
de poseerla como cosa y voluntad mía”. Entonces Jesús sacudía la cabeza, y de su rostro
corrían las lágrimas sobre mi pobre alma, y ha agregado:
(4) “Hija de mi Querer, ciertamente que derramé tus lágrimas, para que pasando por mis ojos
las tuyas, te pudiese dar el gran don de mi Voluntad. Lo que no pudo recibir Adán con sus
lágrimas, a pesar de que pasaron por mis ojos, lo puedes recibir tú, porque Adán antes de que
pecara poseía mi Voluntad, y con la posesión de mi Voluntad crecía en la semejanza de su
Creador, y crecía tanto que formaba el encanto de todo el Cielo y todos se sentían honrados en
servirlo; después del pecado perdió la posesión de mi Querer, y a pesar de que lloró su culpa y
no pecó más, pudo hacer mi Voluntad, pero no poseerla, porque faltaba el Divino Ofendido que
debía formar el nuevo injerto divino entre la criatura y el Creador, para poder atravesar de nuevo
los umbrales de las posesiones del Eterno Querer. Este injerto fue hecho por Mí, Verbo Eterno,
después de cuatro mil años, y Adán para entonces había pasado a los umbrales de la eternidad.
Pero a pesar de este injerto divino hecho por Mí con lágrimas, suspiros y penas inauditas,
cuántos se reducen a la condición de Adán después del pecado a sólo hacer mi Voluntad, otros
no la quieren conocer, otros se revelan a Ella; sólo quien vive en mi Voluntad se eleva al estado
de Adán inocente antes de caer en el pecado, porque hay gran distancia entre quien hace mi
Voluntad y entre aquellos que la poseen, hay la distancia entre Adán inocente y Adán después
del pecado. Y Yo al venir a la tierra debía obrar como Dios, debía completar en todo la obra del
hombre, debía elevarlo al punto primero de su origen, con darle la posesión de mi Voluntad, y si
bien muchos se sirven de mi venida sólo como remedio para su salvación y por lo tanto toman
mi Voluntad como medicina, como fuerza y como antídoto para no ir al infierno, Yo esperaré
aún, a fin de que surjan las almas que la tomen como vida, y con hacerla conocer tomen
posesión de Ella y así completaré la obra de mi venida a la tierra y tendrá fruto el injerto divino
formado de nuevo con la criatura, y mis lágrimas se cambiarán en sonrisas celestiales y divinas
para Mí y para ellas”.
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Diciembre 25, 1925
Se necesitan las disposiciones para poseer el don del Querer Divino.
Semejanzas de Él. El vivir en el Querer Supremo es la cosa más grande,
es el vivir Vida Divina, y el alma obra en la unidad de la Luz Eterna.
(1) Estaba pensando en lo que está dicho anteriormente, que la Voluntad de Dios es un don,
y por eso como don se posee como cosa propia; en cambio quien hace la Voluntad de Dios debe
estar a las órdenes, debe preguntar frecuentemente qué debe hacer y pedir que se le preste el
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