hasta el último que vendrá, todo debía ser en común entre ellos, así que no debía poseer sólo
su propia fuerza, sino la fuerza de todos, todos los bienes debían ser en común entre ellos. Mi
Voluntad, más que electricidad debía llevar el vínculo entre ellos y la comunicación de todo lo
que es bueno y santo, y a pesar de que cada hombre debía hacer su oficio y ocuparse en
acciones diversas, como todos debían partir del punto primero de mi Voluntad, todos debían
convertirse en luz, y por lo tanto uno debía ser luz para el otro. Por eso mi dolor al ver trastornado
este cielo de las criaturas fue tan grande, que es incomprensible a la criatura humana. Quitada
mi Voluntad, que une a todos y vincula todo, entró el desorden, la confusión, la desunión, la
debilidad, las tinieblas. ¡Pobre cielo de las criaturas! no se reconoce más, y sólo el vivir en mi
Querer reordenará de nuevo este cielo, lo hará resplandecer con nueva luz, por eso te digo que
en ti quiero encontrar a todos y a todo; mi Voluntad, acto primero de todas las criaturas, celestes
y terrestres, te llevará la comunicación de todos los actos de ellos y tú quedarás atada a ellos y
ellos a ti. Por eso el vivir en mi Querer encierra todo y a todos. Por tanto sé atenta, que quiero
darte la cosa más grande que existe, pero quiero de ti cosas grandes y suma atención, quien
mucho da mucho quiere recibir”.
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18-17
Diciembre 20, 1925
Acerca de las lágrimas de Jesús y cómo derramó todas las lágrimas
de las criaturas. Vivir en la Divina Voluntad significa poseerla.
(1) Estaba pensando en las lágrimas que derramó el niño Jesús en su nacimiento y decía
entre mí: “Cuán amargas debieron ser esas lágrimas, cómo le pudieron ahora helar, ahora
quemar aquel tierno rostro, porque por lo que yo sé, las lágrimas tienen dos efectos, según la
causa por la cual son derramadas, si la causa es por un amor, queman y hacen dar en sollozos;
si son producidas por el dolor, son heladas y hacen temblar. En mi real niño había un intenso e
infinito amor y un dolor sin término, así que mucho le debieron costar sus lágrimas”. Ahora,
mientras esto pensaba, mi dulce Jesús se ha movido en mi interior y me hacía ver su rostro
bañado en lágrimas, pero tantas, que una corría tras la otra, hasta bañarle el pecho y las manos,
y suspirando me ha dicho:
(2) “Hija mía, mis lágrimas comenzaron desde el primer instante de mi Concepción en el seno
de mi Mamá Celestial y duraron hasta mi último respiro sobre la cruz. La Voluntad de mi Padre
Celestial me confió también el trabajo de las lágrimas, y debía derramar tantas de mis ojos por
cuantas debían derramar todas las criaturas juntas. Así como concebí todas sus almas en Mí,
así debía derramar todas sus lágrimas de mis ojos. Mira entonces cuánto debí llorar: Debí
derramar de mis ojos las lágrimas que las criaturas derraman por pasiones, a fin de que las mías
apagaran sus pasiones; debí derramar las lágrimas que se necesitan después del pecado, para
darles el dolor de haberme ofendido y el convencimiento del mal que han hecho, preparando
con mis lágrimas el propósito de no ofenderme más; debí derramar las lágrimas para enternecer
a las almas para hacerles comprender las penas de mi Pasión; como también derramé lágrimas
abundantes de amor para atraer a las almas a amarme, para captar su simpatía y su corazón
todo para Mí; basta decirte que no hay lágrima que brote del ojo humano que no haya derramado
Yo de mis ojos. Ninguno supo mis tantas lágrimas, mis tantos llantos ocultos y secretos; cuántas
veces aún como tierno niño volaba de la tierra al Cielo, y apoyando mi cabecita sobre las rodillas
de mi Padre Celestial lloraba, lloraba y sollozando le decía: ‘Padre mío, mira, he nacido en el
mundo a las lágrimas y al dolor, semejante a mis hermanos que nacen a las lágrimas y mueren
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