Celestial, y después me ha dicho:
(2) “Hija mía, el verdadero vivir en la Voluntad Suprema es propiamente esto, que Yo debo
encontrar todo y a todos en el fondo del alma, todo lo que mi Voluntad ha hecho salir fuera para
el bien de las criaturas en la Creación, debe estar vinculado con su amor en el alma. Con el
vivir en mi Querer y con su correspondencia de amor queda ya vinculada y en posesión de todo
lo que mi Voluntad ha hecho y hará, y ama como ama y sabe amar mi Voluntad. Así que estando
todo esto en el verdadero vivir en Ella, y habiendo vinculado todo a sí, Yo encuentro en el alma
el cielo estrellado, el sol resplandeciente, la vastedad de los mares, las praderas floridas, todo
encuentro en ella; por tanto, ¿no es justo que el alma, saltando de cosa en cosa sobre todo lo
que es mío y suyo lo reconozca, y jugueteando sobre todas las cosas creadas imprima en ellas
su beso y su pequeño ‘te amo’ sobre cada cosa para Aquél que ha creado tantas cosas para
hacer don de ellas a las criaturas, mostrándoles con esto una variedad de amor por cuantas
cosas ha creado, y como ama que el hombre sea feliz, dándole no sólo lo necesario sino aún lo
superfluo?
(3) Pero esto no es todo, no sólo debo encontrar la Creación toda, sino que el verdadero vivir
en mi Voluntad vincula a todos, y por lo tanto debo encontrar en el alma, como en acto, a Adán
santo, tal como salió de nuestras manos creadoras, y a Adán culpable, humillado y lloroso, a fin
de que se vincule con él en el estado de santidad, y tomando parte en sus actos inocentes y
santos me dé la gloria y haga sonreír de nuevo a toda la Creación; y tomando parte en sus
lágrimas, suspira con él aquel Fiat rechazado que fue la causa de tanta ruina. Debo encontrar
en ella a los profetas, a los patriarcas, a los santos padres, con todos sus actos, y si aquellos
suspiraban el Redentor, tú suspirarás mi Fiat Supremo como triunfo y cumplimiento de sus
suspiros; quiero encontrar a mi inseparable Mamá con todos sus actos, donde mi Querer obró
tantos portentos teniendo en Ella pleno dominio; quiero encontrarme a todo Mí mismo y todos
mis actos; en suma, quiero encontrar todas mis cosas, todo lo que me pertenece, todo lo que ha
hecho y hará mi Suprema Voluntad, porque todas son cosas inseparables de Mí, y para quien
vive en mi Querer es justo y necesario que se vuelvan inseparables de ella. Así que si no
encuentro todo, no se puede decir que vive completamente en mi Querer, y Yo, viéndola, no
encuentro todas mis cosas en ella, más bien las veo esparcidas fuera del alma y no puedo recibir
su correspondencia de amor por todo lo que me pertenece. ¿No he creado tal vez a la criatura
para que fuera un pequeño mundo y un pequeño dios? Por eso te digo siempre que el vivir en
mi Querer no es conocido aún, y Yo te voy enseñando ahora una cosa, ahora otra, y ensancho
tu capacidad para hacer que entren en ti todas mis cosas y todo lo que de bien ha hecho salir
mi Voluntad. Quiero sentirme repetir por ti tu correspondencia de amor sobre todo lo que me
pertenece; no tolero para quien vive en mi Querer que no conozca todas mis cosas, que no las
ame y posea, de otra manera, ¿cuál sería el gran prodigio del vivir en mi Querer?”
(4) Después de esto mi dulce Jesús ha hecho silencio, y yo me perdía en el Divino Querer.
¡Oh! cómo habría querido poner sobre todas las cosas creadas mi beso amoroso y de
reconocimiento, mi pequeño “te amo” sobre todos los actos supremos del Divino Querer, para
quedar yo atada a ellos y ellos atados a mí, para poder rodear a mi Jesús en mí con todos los
actos del Eterno Querer. En ese momento veía el cielo estrellado y mi amable Jesús ha
continuado:
(5) “Hija mía, mira el cielo, qué orden, qué armonía entre las estrellas, una estrella no puede
estar sin la otra, están tan vinculadas entre ellas, que una sostiene a la otra, una es fuerza de la
otra, y si, jamás sea, una sola estrella se apartara de su lugar, habría tal confusión y desorden
en el universo, que habría peligro de que todo terminara en ruinas, así que toda la belleza del
cielo está cimentada en el estarse cada una en su lugar, en la unión común y en la fuerza
comunicativa y atractiva que tienen entre ellas, que más que electricidad las tiene suspendidas
y sujetas entre ellas. El hombre es el nuevo cielo, es más, más que cielo sobre la tierra, se
puede decir que cada criatura es una estrella animada. Lo que hizo el primer hombre, Adán,