que es, así le hace donación de lo que le manifiesta, y más que válida escritura es el mismo
conocimiento, que con caracteres de luz ha impreso en el alma la posesión de los bienes que
su conocimiento contiene. ¡Oh! cómo es bello ver la santidad, la potencia, la inmensidad de mi
Querer entretenerse con la pequeñez de la voluntad humana en el acto en que le hace
compañía; Él quiere dar siempre, no se detiene jamás, quiere ver a la pequeñez bella, rica,
potente, la quiere tener siempre cerca para poder darle siempre. No hay cosa más bella, más
graciosa, más sorprendente al verse, que un alma que busca seguir los actos de la Voluntad de
su Creador; hay una competencia continua entre ellos, un amor recíproco, un dar y un recibir
continuo. ¡Oh! si tú supieras cómo eres rica; por cuantas cosas conoces de mi Voluntad, tantos
bienes posees; si tú los enumeras te perderías y quedarías ahogada en ellos. Por eso sé atenta
en seguir los actos de mi Querer si quieres hacerle continua compañía”.
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18-15
Noviembre 22, 1925
El gran bien que el alma recibe con vivir en el Querer Supremo. Los
actos hechos en Él forman un rocío celestial que cubre todas las criaturas.
(1) Estaba según mi costumbre fundiéndome en el Santo Querer Divino, tratando por cuanto
a mí es posible de abrazar todo en mi pequeño regazo, para poder poner mi pequeño “te amo”
sobre todas las cosas, mi “gracias”, mi “adoración”, mi “te bendigo”, con la potencia del Fiat
Supremo para poder hacer compañía a esta Suprema Voluntad esparcida con tanto amor en la
Creación. Pero mientras esto hacía pensaba entre mí: “¿Qué cosa recibe el alma viviendo en
esta atmósfera celestial de la Suprema Voluntad?” Mientras estaba en esto, mi amable Jesús
ha salido de dentro de mi interior y estrechándome toda a Él me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿quieres saber qué recibe el alma viviendo en mi Voluntad? Recibe la unión de
la Voluntad Suprema con la suya, y en esta unión mi Voluntad asume el trabajo de dar la paridad
de la suya con la voluntad del alma. Así que mi Voluntad es santa, es pura, es luz, y quiere
poner a la par al alma en santidad, pureza y luz, y si el trabajo del alma es el de vivir en mi
Voluntad, el trabajo de la mía es el dar en modo perfecto mi semejanza a la voluntad del alma,
y por eso te quiero siempre en Ella, para hacer que no sólo te tenga en su compañía, sino que
te haga crecer a su semejanza, y por eso te pongo el alimento de sus conocimientos, para
hacerte crecer en modo divino y con su perfecta semejanza; y es por esto que te quiere junto,
dondequiera que obra mi Voluntad, a fin de que te pueda dar el acto de su obrar, el valor que
contiene el obrar de una Voluntad Divina y tú puedas recibirlos”.
(3) Yo al oír esto he dicho: “Amor mío, tu Voluntad está por todas partes, así que todos viven
en Ella, sin embargo no todos reciben esta semejanza”. Y Jesús de inmediato ha agregado:
(4) “¿Y qué hay con eso hija mía? Es verdad que todos viven en mi Voluntad, porque no hay
punto donde Ella no se encuentre, pero casi todos viven en Ella como extraños, o como
mercenarios, otros forzados, otros rebeldes; estos tales viven en Ella y no la conocen ni poseen
sus bienes, más bien son usurpadores de aquella misma vida que han recibido de mi Voluntad.
Cada acto de éstos es una desemejanza que adquieren entre su voluntad y la de su Creador,
es la confirmación de su pobreza, de sus pasiones y de las densas tinieblas de las cuales se
llenan, de modo que son ciegos para todo lo que es Cielo. Para llegar a la paridad de mi
Voluntad no se puede vivir como extraños, sino como dueños, debe mirar todas las cosas como
cosas suyas, tener todo el cuidado con ellas, por esto es necesario conocerlas para amarlas y
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