pobre de luz, no podría la luz que desciende a lo bajo iluminar plenamente toda la tierra, a lo
más a una pequeña parte de la tierra que girara más cercana al sol. Y si al sol que debía iluminar
naturalmente a la tierra le di tal plenitud de luz para el bien de todas las generaciones, mucho
más quiero llenar de plenitud de luz el Sol de mi Voluntad, que debe iluminar las almas,
calentarlas y poner en ellas la fecundidad del germen de la Santidad Divina. Ahora, así como
elegí a Adán como cabeza, así como elegí un punto del cielo donde fijar el centro del sol que
debía iluminar a la tierra, así te he elegido a ti como centro del Sol de mi Voluntad, y debe ser
tanta la plenitud de la luz, que todos podrán gozar y ser investidos por esta luz, y hacerla cada
uno como cosa propia, por eso se necesitan tus actos completos en mi Voluntad y los
conocimientos que Yo te voy manifestando, para formar la plenitud de esta luz.
(4) Es costumbre de la Sabiduría Eterna establecer los actos de la criatura para dar
cumplimiento al bien que le quiere hacer a ella, esto sucedió para que viniera a la tierra la
Redención del Verbo Eterno, se necesitó el curso de cuatro mil años, y para este intervalo de
tiempo estaban establecidos todos los actos que debían hacer las criaturas para disponerse a
merecer el gran bien de la Redención, y todas las gracias y conocimientos que debía dar la
Suprema Majestad para hacer conocer el mismo bien que debía llevar el descendimiento del
Verbo en medio de ellas. He aquí el por qué de los patriarcas, de los santos padres, de los
profetas y todos los buenos del antiguo testamento, los cuales, con sus actos debían hacer el
camino, la escalera para llegar al cumplimiento de la Redención ansiada; pero esto no basta,
por cuan buenos y santos eran sus actos, estaba el muro altísimo del pecado original que
mantenía la división entre ellos y Dios. He aquí el por qué se necesitó una Virgen concebida sin
mancha original, inocente, santa y enriquecida por Dios con todas las gracias, la cual hizo como
suyos todos los actos buenos del curso de los cuatro mil años, los cubrió con su inocencia,
santidad y pureza, de modo que la Divinidad veía aquellos actos a través de los actos de esta
inocente y santa Criatura, la cual no sólo abrazó todos los actos de los antiguos, sino que Ella
con los suyos los superó a todos, y por eso obtuvo el descendimiento del Verbo a la tierra. A
todos los actos buenos de los antiguos, les sucedió como a quien tiene mucho oro y plata, pero
en aquellos metales preciosos no esta acuñada la imagen del rey que es lo que da el valor de
moneda al metal, y si bien por sí mismo contiene valor, pero no puede llamarse valor de moneda
que pueda correr con derecho en el reino; pero supón que aquel oro o plata fueran adquiridos
por el rey, y dándoles forma de moneda acuñara sobre ella su imagen, entonces aquel oro
adquirirá el derecho de moneda. Así hizo la Virgen, sobre aquellos actos acuñó su inocencia,
su santidad, el Querer Divino que Ella poseía íntegro, y los presentó todos juntos a la Divinidad
y obtuvo el Redentor ansiado. Así que la Virgen completó todos los actos que se necesitaban
para hacer descender el Verbo a la tierra; pero no terminó aquí, para hacer que el Redentor
tuviera su campo de acción en la tierra, y para hacer que cualquiera que lo quisiera pudiera
servirse de aquellos actos como monedas para comprarse el Cielo, se necesitaba el sello de la
inocencia, santidad y Querer Divino, se necesitaba el sello del obrar del mismo Verbo para hacer
subir al hombre al Cielo. Si el sello de la Virgen bastó para hacerme descender en medio de las
criaturas, para hacer subir al hombre se necesitaba mi obrar divino; y he aquí por esto que Yo
abracé e hice míos todos aquellos actos, suplí a todos, cumplí todo y por todos puse el sello
divino a todos los actos buenos, desde el primero hasta el último hombre que vendrá a la tierra,
y este sello fue hecho por Mí con penas inauditas y con el desembolso de mi sangre, y así di
como Rey magnánimo la moneda a todos para comprarse el Cielo. Todo esto estaba
establecido por la Sabiduría Increada, y ni siquiera un acto podía faltar de todo esto para venir
a cumplimiento la Redención.
(5) Ahora hija mía, así como fue de la Redención así es de mi Voluntad. Para hacerla conocer
y hacerla reinar como acto primero de vida en la criatura se necesita el cumplimiento de los
actos; también tú, a ejemplo de mi Celestial Mamá y del mío, debes en mi misma Voluntad
abrazar todos los actos hechos en el antiguo testamento, los de la Reina del Cielo, aquellos
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