sorprende el sueño, nuestro Padre Celestial te mirará con amor al verte dormir en sus brazos,
viendo a su pequeña hija que aun durmiendo tiene en su pequeño regazo todos los actos de su
Voluntad para repararlos, corresponderlos en amor y dar a cada acto de nuestra Voluntad el
honor, la soberanía y el derecho que le conviene. Por eso, primero cumple tu deber, y después,
si puedes, harás también la adoración a mis llagas”.
(3) Sea siempre dadas las gracias a Jesús, esta noche, por su bondad, he hecho lo uno y lo
otro.
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18-13
Noviembre 12, 1925
Quien es llamado como cabeza de una misión, debe encerrar todos los
bienes pertenecientes a aquella misión para comunicarlos a los demás.
Es costumbre de la Sabiduría eterna establecer los actos de la criatura
para dar cumplimiento al bien que quiere hacer en ella.
(1) Estaba fundiéndome según mi costumbre en el Santo Querer Divino, y mi dulce Jesús
moviéndose en mi interior me ha estrechado toda a Sí y se ha puesto en actitud de darme una
lección y de corregirme, y me ha dicho:
(2) “Hija mía, sé atenta en hacer tus actos en mi Voluntad, tú debes saber que quien es
llamado como cabeza de una misión, cuanto más encierra del bien perteneciente a esa misión,
tanto más bien podrá comunicar a los demás; esos bienes serán como tantas semillas que
prestará a los demás, a fin de que quien tenga la fortuna de querer adquirir esos gérmenes se
volverá poseedor de la cosecha de esas semillas. Esto sucedió en Adán, que siendo el primer
hombre fue constituido cabeza de todas las generaciones, y siendo él la cabeza se volvía
necesario que debía poseer los gérmenes para poder dar a los demás lo que es necesario para
el desarrollo de la vida humana; si luego estos gérmenes han sido agrandados, explicados, más
conocidos según la buena voluntad de las generaciones siguientes, por la capacidad y aplicación
que han hecho sobre aquellos mismos gérmenes, pero Adán los tenía todos en sí, y se puede
decir que todo viene de él; así que se pude decir que al ser creado por Dios fue dotado de todas
las ciencias; lo que los demás aprenden con tantas fatigas, él lo poseía como don en modo
sorprendente; así que poseía el conocimiento de todas las cosas de esta tierra, tenía la ciencia
de todas las plantas, de todas las hierbas, y la virtud que cada una de ellas contenía; tenía la
ciencia de todas las especies animales y de cómo debía usar de ellos; tenía la ciencia de la
música, del canto, de la escritura, de la medicina, en suma, de todo, y si las generaciones poseen
cada una su ciencia especial, Adán las poseía todas. Ve entonces que quien debe ser cabeza
es necesario que encierre en sí todo el bien que debe participar a los demás.
(3) Así es de ti hija mía, como te he llamado como cabeza de una misión especial, más que a
nuevo Adán, y no se trata de las ciencias humanas sino de la ciencia de las ciencias, la cual es
mi Voluntad, ciencia toda de Cielo, quiero que encierres en ti todos los gérmenes que mi
Voluntad contiene, y por cuantos más actos hagas en Ella, y por cuantos más conocimientos
adquieras, tantos más rayos de luz pondrás al Sol de mi Voluntad, y así, habiendo mayor plenitud
de luz, más se podrá difundir para bien de las generaciones, de modo que tocadas por la plenitud
de la luz, podrán conocer con más claridad el bien que contiene mi Voluntad, qué significa vivir
en Ella, y el gran bien con el cual quedan enriquecidas. Sucederá como sucede con el sol, que
como posee tanta plenitud de luz, puede con facilidad tomar como en un puño a toda la tierra,
calentarla, iluminarla y fecundarla, de modo que todos pueden conocer, quién más, quién
menos, el bien que hace con llevar su luz a todos, pero si el sol en lo alto de su esfera fuera