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Noviembre 5, 1925
Los gemidos del Espíritu Santo en los Sacramentos.
Correspondencia de amor del alma.
(1) Estaba según mi costumbre fundiéndome en el Santo Querer Divino y buscaba, por cuanto
me era posible, corresponder con mi pequeño amor a mi Jesús por todo lo que ha hecho en la
Redención, y mi amable y dulce amor Jesús, moviéndose en mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, con tu vuelo en mi Voluntad ponte en todos los Sacramentos instituidos por Mí,
desciende en el fondo de ellos para darme tu pequeña correspondencia de amor. ¡Oh! Cuántas
lágrimas mías secretas encontrarás en ellos, cuántos suspiros amargos, cuántos gemidos
ahogados del Espíritu Santo, su gemido es continuo por las tantas desilusiones de nuestro amor.
Los Sacramentos fueron instituidos para continuar mi Vida sobre la tierra en medio de mis hijos,
pero, ¡ay de Mí, cuántos dolores! Por eso siento la necesidad de tu pequeño amor, será
pequeño, pero mi Voluntad me lo hará grande; mi amor no tolera para quien debe vivir en mi
Voluntad, que no se asocie a mis dolores y que no me dé su pequeña correspondencia de amor
por todo lo que he hecho y sufro, por eso hija mía ve como gime mi amor en los Sacramentos:
(3) Si veo bautizar al recién nacido lloro de dolor, porque mientras con el bautismo le restituyo
la inocencia, reencuentro de nuevo a mi hijo, le restituyo los derechos perdidos sobre la
Creación, le sonrío de amor y complacencia, le pongo en fuga al enemigo, a fin de que no tenga
más derecho sobre él, lo confío a los ángeles, todo el Cielo le hace fiesta, pero rápidamente la
sonrisa se me cambia en dolor, la fiesta en luto, veo que aquel bautizado será un enemigo mío,
un nuevo Adán, y quizá también un alma perdida. ¡Oh! Cómo gime mi amor en cada bautismo,
especialmente si se agrega que el ministro que bautiza no lo hace con el respeto, dignidad y
decoro que conviene a un Sacramento que contiene la nueva regeneración. ¡Ay! Muchas veces
se está más atento a una bagatela, a una escena cualquiera que a administrar un Sacramento,
así que mi amor se siente herir por el bautizante y por el bautizado y gime con gemidos
inenarrables. ¿No quisieras tú darme por cada bautismo una correspondencia de amor, un
gemido amoroso para hacer compañía a mis dolientes gemidos?
(4) Pasa al Sacramento de la confirmación, ¡ay, cuántos suspiros amargos! Mientras que con
la confirmación le devuelvo el ánimo, le restituyo las fuerzas perdidas volviéndolo invencible ante
todos los enemigos, ante sus pasiones, viene admitido en las filas de las milicias de su Creador
a fin de que milite para adquirir la patria celestial, el Espíritu Santo le vuelve a dar su beso
amoroso, le prodiga mil caricias y se ofrece como compañero de su vida, pero muchas veces se
siente restituir el beso del traidor, despreciar sus caricias y huir de su compañía. Cuántos
gemidos, cuántos suspiros para que vuelva, cuántas voces secretas al corazón a quien huye de
Él, hasta cansarse por su hablar; pero qué, en vano. Por eso, ¿no quieres tú poner tu
correspondencia de amor, el beso amoroso, tu compañía al Espíritu Santo que gime por tanto
desconocimiento que le hacen?
(5) Pero no te detengas, vuela aún y escucharás los gemidos angustiosos del Espíritu Santo
en el Sacramento de la penitencia. ¡Cuánta ingratitud, cuántos abusos y profanaciones por parte
de quien lo administra y por parte de quien lo recibe! En este Sacramento mi sangre se pone
en acto sobre el pecador arrepentido para descender a su alma para lavarlo, para embellecerlo,
sanarlo y fortificarlo, para restituirle la gracia perdida, para ponerle en las manos las llaves del
Cielo que el pecado le había arrancado, para sellar sobre su frente el beso pacífico del perdón;
pero, ¡ay! cuántos gemidos desgarradores al ver acercarse a las almas a este Sacramento de
la penitencia sin dolor, por costumbre, casi por un desahogo del corazón humano; otras, horrible
es decirlo, en vez de ir a encontrar la vida del alma, de la gracia, van a encontrar la muerte, a
desahogar sus pasiones, así que el Sacramento se reduce a una burla, a una buena charla, y
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