veía como si su voluntad estuviese separada del cuerpo, estaba en las manos del Padre Divino.
Yo asombrada miraba pero no me sabía explicar lo que veía, pero una voz que salía del trono
decía:
(2) “Esta es la elegida entre todas las elegidas, es la toda bella, es la única criatura que nos
hizo don de su voluntad, y muerta nos la dejó sobre las rodillas, en nuestras manos, y Nosotros
en correspondencia le hicimos don de nuestra Voluntad. Don más grande no podíamos hacerle,
porque con la adquisición de esta Suprema Voluntad tuvo poder de hacer descender al Verbo
sobre la tierra y de hacer formar la Redención del género humano. Una voluntad humana no
tendría poder sobre Nosotros ni ningún atractivo, en cambio una Voluntad Divina dada por
Nosotros mismos a esta incomparable criatura nos venció, nos conquistó, nos raptó, y no
pudiendo resistir cedimos a sus instancias de hacer descender al Verbo sobre la tierra. Ahora
esperamos que vengas tú a morir sobre la otra rodilla, donándonos tu voluntad, y Nosotros,
viéndola muerta en nuestras manos, como si no existiera más para ti, te haremos don de la
nuestra y por medio tuyo, es decir, por medio de esta nuestra Voluntad donada a ti, regresará a
vivir nuestro Fiat sobre la tierra. Estas dos voluntades muertas sobre nuestras rodillas serán el
rescate de tantas voluntades rebeldes, y las tendremos como prendas preciosas que nos
reharán de los tantos males de todas las demás criaturas, porque con nuestra Voluntad podrán
satisfacernos”.
(3) La voz no se oía más, y yo me he encontrado sobre la otra rodilla Paterna en acto de dar
el último respiro quedando muerta, pero en ese mismo instante me he encontrado en mí misma,
pero no sé decir lo que sentía en mí, sólo rogaba de corazón que no más mi voluntad entrara en
mí, sino que sólo la Divina tuviese vida en mí. ¡Ah, sólo Ella es la portadora de todos los bienes
y la repetidora de Jesús en las almas, que haciendo eco al Fiat de la Creación abraza todo y a
todos como de un solo golpe y corresponde a Dios por la obra de la Creación, Redención y
Santificación! La Voluntad Divina obrante en nosotros todo puede hacer, es la verdadera Reina
que reina e impera sobre todo.
(4) Después veía a mi Mamá Celestial con el niño Jesús entre sus brazos, que lo besaba y lo
ponía a su pecho para darle su purísima leche, y yo le he dicho: “Mamá mía, ¿y a mí nada me
das? ¡Ah! permíteme al menos que ponga mi te amo entre tu boca y la de Jesús mientras os
besáis, a fin de que en todo lo que hagáis corra junto mi pequeño te amo. Y Ella me dijo:
(5) “Hija mía, pon también tu pequeño te amo no sólo en la boca, sino en todos los actos que
corren entre Yo y mi Hijo. Tú debes saber que en todo lo que hacía hacia mi Hijo, tenía la
intención de hacerlo hacia las almas que debían vivir en la Voluntad Divina, porque estando en
Ella estaban dispuestas a recibir todos aquellos actos que Yo hacía hacia Jesús, y encontraba
espacio suficiente donde depositarlos. Así que si Yo besaba a mi Hijo, las besaba a ellas, porque
las encontraba junto con Él en su Suprema Voluntad. Eran ellas las primeras como alineadas
en Él, y mi amor materno me empujaba a hacerlas participar de lo que hacía a mi Hijo. Gracias
grandes se necesitaban para quien debía vivir en esta Santa Voluntad, y Yo ponía a su
disposición todos mis bienes, mis gracias, mis dolores, para su ayuda, defensa, fortaleza, apoyo,
luz; y Yo me sentía feliz y honrada, con los honores más grandes, de tener por hijos míos los
hijos de la Voluntad del Padre Celestial, la cual también Yo poseía, y por eso los veía también
como partos míos. Es más, de ellos se puede decir lo que se dice de mi Hijo, que las primeras
generaciones encontraban la salvación en los méritos del futuro Redentor. Así estas almas en
virtud de la Voluntad Divina obrante en ellas, estas futuras hijas son aquellas que imploran
incesantemente la salvación, las gracias a las futuras generaciones; están con Jesús y Jesús
en ellas, y repiten junto con Jesús lo que contiene Jesús. Por eso, si quieres que te repita lo
que hice a mi Hijo, haz que te encuentre siempre en su Voluntad, y Yo te daré magnánimamente
mis favores”.
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