18-4
Octubre 1, 1925
La Divina Voluntad estaba en el centro de la Humanidad
de Nuestro Señor, y quien vive en Ella vive en este centro.
(1) Estaba según mi costumbre acompañando las penas de la Pasión de mi dulce Jesús, y
ofrecía su misma privación, la tortura que me ocasionaba, como testimonio de mi doloroso amor
para aliviarlo y compadecerlo en sus penas. Ahora, mientras esto hacía, mi amado bien ha
movido un brazo en mi interior, alzando su mano derecha haciendo correr de sus dedos ríos de
sangre y de luz sobre mi pobre alma que estaba marchita y quemada por el viento potente de
su privación, y con una tristeza tal, que Jesús mismo se ha sobresaltado, y enternecido por
compasión y queriéndome consolar me ha dicho:
(2) “Hija mía, ánimo, no temas, quien vive en mi Voluntad está en el centro de mi Humanidad,
porque la Voluntad Divina está en Mí como el sol en su esfera, que a pesar de que los rayos
invaden la tierra, no se aparta jamás de lo alto, de su centro, está siempre en su esfera, en su
majestuoso trono, y mientras su luz recorre todo, dominando todo, todo le sirve de escabel,
esperando todos su benéfica luz; así se encontraba en Mí la Voluntad Divina, como centro en la
esfera de mi Humanidad, y de ésta partía la luz a todos y por doquier.
(3) Había sido este el primer acto del hombre, rechazar mi Voluntad Suprema; convenía
entonces a mi Humanidad dar el primer paso hacia Ella, concentrando en Mí como centro de
vida esta Voluntad Eterna, y por medio de mi Vida, de mis obras y penas, llevarla de nuevo al
hombre, a fin de que regresara a su Creador, poniéndose en el orden para el cual había sido
creado. Mira entonces hija mía, el alma que vive en mi Voluntad está en el centro de mi
Humanidad, y todo lo que Yo hice y sufrí está todo en torno a ella y en su ayuda: Si es débil le
suministra mi fortaleza, si está sucia mi sangre la lava y la embellece, mis oraciones la sostienen,
mis brazos la tienen estrechada y la cubren con mis obras, en suma, todo está en su defensa y
en su ayuda; por eso, el pensamiento de mis penas es como connatural en ti, porque viviendo
en mi Voluntad ellas te circundan como tantas nubes de luz y de gracia. Mi Voluntad en la esfera
de mi Humanidad ponía como en camino mis obras, mis pasos, mis palabras, mi sangre, mis
llagas, mis penas, y todo lo que Yo hice para llamar al hombre y darle las ayudas y medios
suficientes para salvarlo y hacerlo volver de nuevo al seno de mi Voluntad. Si mi Voluntad
hubiera querido llamar directamente al hombre, éste se habría espantado; en cambio quise
llamarlo con todo lo que hice y sufrí, como si fueran tantas seducciones, ayudas, estímulos y
medios para hacerlo volver a mis brazos, así que todo lo que Yo hice y sufrí es el portador del
hombre a Dios. Ahora, quien vive en mi Voluntad, viviendo en el centro de mi Humanidad, toma
todos los frutos de todo lo que Yo hice y sufrí, y entra en el orden de la Creación, y mi Voluntad
cumple en él la plena finalidad para la que fue creado. Otros, que no viven en mi Voluntad,
encuentran los medios para salvarse, pero no gozan todos los frutos de la Redención y de la
Creación”.
(4) Ahora, mientras esto decía mi amable Jesús, yo le he dicho: “Amor mío, yo no sé, me
dices que yo vivo en tu Voluntad y luego me dejas, ¡ah! a qué duro martirio me sometes, en
cuanto Tú me dejas todo para mí se cambia, yo misma no me reconozco más, todo para mí
muere: muere la luz, el amor, el bien. Eres sólo Tú el que mantiene el latido de la vida de mi
pobre alma; en cuanto Tú partes y me dejas, así muere todo. Mira entonces en qué condiciones
tan duras y dolorosas me dejas. ¡Ah! ten piedad de mí y no me dejes, porque no puedo más”.
Y mientras quería decir más, mi Jesús suspirando ha agregado:
(5) “Hija mía, calla, no sigas más adelante, tus palabras me hieren el corazón. ¡Oh! cómo
quisiera quitar de tu corazón este clavo tan duro que Yo te dejo, de que pudiera dejarte. Lo sé
1099 sig