hizo propicio a mi Padre Celestial hacia el hombre culpable. ¿No quieres tú entonces repetir
mis mismas oraciones? Es más, por esto te he llamado en mi Querer, a fin de que te asocies
con Nosotros y sigas y repitas nuestros actos”.
(5) Entonces yo buscaba por cuanto podía, girar por todas las cosas creadas para dar a mi
Dios la correspondencia del amor, de la gloria, del agradecimiento por todo lo que había hecho
en la Creación. Me parecía ver en todas las cosas la correspondencia de amor de mi Emperatriz
Mamá y de mi amado Jesús. Esta correspondencia formaba la más bella armonía entre el Cielo
y la tierra, y vinculaba al Creador con la criatura. Cada correspondencia de amor era una tecla,
una sonatina de música celestial que raptaba, y mi dulce Jesús ha agregado:
(6) “Hija mía, todas las cosas creadas no fueron otra cosa que un acto de nuestra Voluntad
que las puso fuera, ellas no pueden apartarse de su lugar, ni cambiar efectos, ni posición, ni el
oficio que cada una recibió de su Creador; ellas no son otra cosa que espejos donde el hombre
debía mirar los reflejos de las cualidades de su Creador: Dónde la potencia, dónde la belleza,
en otras cosas creadas la bondad, la inmensidad, la luz, etc., en suma, cada cosa creada predica
al hombre las cualidades de su Creador, y con voces mudas le dicen cuánto lo amo. En cambio
al crear al hombre no fue sólo nuestra Voluntad, sino una emanación que salió de nuestro seno,
una parte de Nosotros mismos que infundimos en él, y por eso lo creamos libre de voluntad, a
fin de que creciera siempre en belleza, en sabiduría, en virtud; a semejanza nuestra él podía
multiplicar sus bienes, sus gracias. ¡Oh, si el sol fuera libre de voluntad y pudiera hacer de uno,
dos soles; de dos, cuatro soles, etc., qué gloria, qué honor no daría a su Creador, y cuánta gloria
también para él mismo! Sin embargo, lo que no pueden hacer las cosas creadas porque están
privadas de libre albedrío y porque fueron creadas para servir al hombre, lo puede hacer el
hombre, porque él debía servir a Dios, así que todo nuestro amor estaba concentrado en el
hombre y por eso pusimos todo lo creado a su disposición, todo ordenado en torno a él, para
que el hombre se sirviera de nuestras obras como de tantos escalones y caminos para venir a
Nosotros para conocernos y para amarnos. ¿Pero cuál no es nuestro dolor al ver al hombre por
debajo de nuestras cosas creadas, mas bien, transformada por el pecado en fealdad su bella
alma dada por Nosotros, y no solo no crecido en el bien, sino horrible al verse? No obstante,
como si todo lo que fue creado para él no bastara a nuestro amor, para custodiar este libre
albedrío le hicimos el don más grande que superó todos los demás dones, esto es, le dimos
nuestra Voluntad como preservativo, como antídoto, como preventivo y ayuda a su libre
voluntad; así que nuestra Voluntad se puso a su disposición para darle todas aquellas ayudas
de las cuales el hombre tuviera necesidad; así que nuestra Voluntad le fue dada como vida
primaria y acto primero de todas sus obras. Debiendo él crecer en gracia y belleza, tenía
necesidad de una Voluntad Suprema que no sólo hiciera compañía a su voluntad humana, sino
que se sustituyera al obrar de la criatura; pero también este gran don despreció y no lo quiso
conocer. Ve entonces cómo nuestra Voluntad entra en la vida primaria de la criatura, y mientras
tiene su acto primero, su vida, la criatura crece siempre en gracia, en luz, en belleza, conserva
el vínculo del acto primero de su creación, y Nosotros recibimos la gloria de todas las cosas
creadas, porque sirven a nuestra Voluntad obrante en la criatura, única finalidad de toda la
Creación. Por eso te recomiendo que nuestra Voluntad sea para ti más que vida, y el acto
primero de todas tus acciones”.
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