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I. M. I.
18-1
Agosto 9, 1925
Corresponder a Dios en amor por todas las cosas creadas, es el
primer deber de la criatura. La Divina Voluntad fue dada
como Vida primaria de la criatura.
(1) Jesús mío, dame la fuerza, Tú que ves la gran repugnancia que siento al escribir, que si
no fuera por la bendita obediencia y el temor de desagradarte jamás habría escrito una sola
palabra. Tus largas privaciones me aturden y me vuelven incapaz de todo, por eso tengo
necesidad de mayor ayuda para poner en el papel lo que tu Santo Querer me sugiere. Así que
dame la mano y estate siempre junto conmigo.
(2) Ahora, mientras me estaba fundiendo en el Santo Querer Divino para corresponder en
amor a Dios por todo lo que hizo en la Creación por amor de las criaturas, el pensamiento me
decía que no era necesario hacerlo, ni era agradable a mi Jesús este modo de orar, me decía
que todo era invención de mi cabeza. Y mi siempre amable Jesús, moviéndose en mi interior
me ha dicho:
(3) “Hija mía, tú debes saber que este modo de orar, esto es, corresponder a Dios en amor
por todas las cosas creadas por Él, es un derecho divino y entra en el primer deber de la criatura.
La Creación fue hecha por amor del hombre, es más, fue tanto nuestro amor, que si hubiera sido
necesario hubiéramos creado tantos cielos, tantos soles, estrellas, mares, tierras, plantas, y todo
lo demás, por cuantas criaturas debían venir a la luz de este mundo, a fin de que cada una
tuviera una Creación para sí, un universo todo suyo, como en efecto cuando todo fue creado,
sólo Adán fue el espectador de todo lo creado, él podía gozar todo el bien que quería. Y si no
lo hicimos fue porque el hombre podía gozar igualmente todo como si fuera de él, a pesar de
que los demás también lo gozan. En efecto, ¿quién no puede decir: el sol es mío y gozar de la
luz del sol por cuanta quiera, quién no puede decir el agua es mía y quitarse la sed y servirse
de ella donde la necesita, quién no puede decir que el mar, la tierra, el fuego, el aire son cosas
mías? Y tantas otras cosas creadas por Mí, y si alguna cosa parece que al hombre le falta, que
se fatiga para conseguirla, es el pecado que obstruyendo el paso a mis beneficios impide a las
cosas creadas por Mí ser magnánimas hacia la criatura ingrata.
(4) Por tanto, siendo así, que en todas las cosas creadas Dios vinculaba su amor hacia cada
criatura, en ella entraba el deber de corresponder a Dios con su pequeño amor, con su gratitud,
con su gracias hacia quien tanto había hecho por ella. El no corresponder en amor a Dios por
todo lo que ha hecho en la Creación para el hombre, es el primer fraude que hace la criatura a
Dios, es un usurpar sus dones sin ni siquiera reconocer de donde vienen, ni a quien tanto la ha
amado; por eso es el primer deber de la criatura, y es tan indispensable e importante este deber,
que Aquélla que tomó a pecho toda nuestra gloria, nuestra defensa, nuestro interés, no hacía
otra cosa que girar por doquier, desde la más pequeña hasta la más grande de las cosas creadas
por Dios para imprimir su correspondencia de amor, de gloria, de agradecimiento por todos y a
nombre de todas las generaciones humanas. ¡Ah, sí, fue propiamente mi Mamá Celestial que
llenó Cielos y tierra de correspondencia por todo lo que Dios había hecho en la Creación!
Después de Ella fue mi Humanidad la que cumplió este deber tan sacrosanto, al cual la criatura
había faltado tanto, tanto, así que fueron mis oraciones y las de mi inseparable Mamá lo que
29 Este libro ha sido traducido directamente del original manuscrito de Luisa Piccarreta