(8) “Pobre hija mía, no temas, si mi privación te ha hecho marchitar, mi regreso te restituirá la
frescura, la belleza, el colorido, y todos mis lineamientos, y el sufrir junto Conmigo no sólo te
será como rocío que te hará tomar vigor, sino que servirá como llamada continua, con la cual
Yo pueda llamar a las puertas de tu alma y tú a la mía, de manera que las puertas queden
siempre abiertas, y tú libremente puedas entrar en Mí y Yo en ti; mi aliento te servirá como
vientecillo para conservar en ti la bella frescura con la cual te creé”.
(9) Y mientras esto decía me soplaba fuerte fuerte, y estrechándome a Sí desapareció.
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17-53
Julio 20, 1925
Inmovilidad de la Gracia en las almas por la ingratitud humana.
(1) Encontrándome en mi acostumbrado estado, después de haber pasado privaciones
amarguísimas de mi dulce Jesús, finalmente se ha hecho ver, y sin decirme ni siquiera una
palabra me ha puesto en una posición dolorosa, en una perfecta inmovilidad; sentía la vida y no
tenía movimiento, sentía el respiro y no podía respirar, toda mi pobre persona no tenía ni un
pequeño movimiento, y mientras sentía dolerme no era capaz de retorcerme por el dolor que
sentía, pues estaba obligada por la presencia de Jesús y por su Santísima Voluntad a quedar
inmóvil. Después, cuando el bendito Jesús ha querido, me ha extendido sus brazos como para
tomarme y estrecharme a su seno, y me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿has visto cómo es doloroso el estado de inmovilidad? Es el estado más duro,
porque aun sintiendo acerbos dolores, el movimiento es alivio, es señal de vida, las contorsiones
son voces mudas que piden ayuda, y despiertan compasión de los presentes. Tú has sentido
cómo es doloroso, ¿pero sabes por qué te he puesto en este estado de inmovilidad? Para
hacerte comprender el estado en el que se encuentra mi gracia, y tener de ti una reparación.
¡Oh, en qué estado de inmovilidad se encuentra mi gracia! Ella es vida y movimiento continuo
y está en continuo acto de darse a las criaturas, las criaturas la rechazan y la vuelven inmóvil;
siente la vida, quiere dar la vida y está obligada por la ingratitud humana a estarse inmóvil y sin
movimiento; ¡qué pena! Mi gracia es luz y como luz naturalmente se expande, y las criaturas no
hacen otra cosa que hacer salir de sí tinieblas, y mientras mi luz quiere entrar en ellas, las
tinieblas que expanden paralizan mi luz y la vuelven como inmóvil y sin vida para las criaturas.
Mi gracia es amor y contiene la vida de poder encender a todos en amor, pero la criatura amando
otra cosa vuelve como muerto para ella este amor, y mi gracia siente el más desgarrador dolor
por el estado de inmovilidad en el cual la ponen las criaturas. ¡Oh, en qué estrecheces
dolorosísimas se encuentra mi gracia! Y esto no sólo en aquellos que abiertamente se dicen
malos, sino también en aquellos que se dicen religiosos, almas piadosas, y muchas veces por
cosas de nada, por cosas que no van con su gusto, por un capricho, por un vilísimo apego, o
porque no encuentran las satisfacciones de la propia voluntad en las mismas cosas santas,
mientras mi gracia es toda movimiento y vida para ellos, la vuelven inmóvil y se apegan a lo que
va con sus inclinaciones, al capricho, a los apegos humanos y a todo aquello en donde sienten
la satisfacción del propio yo. Así que en el lugar de mi gracia ponen el propio yo como vida y
como ídolo propio; pero, ¿sabes tú quién es la consoladora, la indivisible compañera, la raptora
que rapta el movimiento y la vida de mi gracia, más bien la que acelera siempre más su
movimiento y ni siquiera un solo instante la vuelve inmóvil? Quien vive en mi Voluntad; donde
mi Voluntad reina está siempre en movimiento mi gracia, siempre está en fiesta, tiene siempre
qué hacer, nunca queda enfadada, ociosa; el alma donde reina mi Querer es la benjamina de
mi gracia, es su pequeña secretaria en la que deposita los secretos de sus dolores y de sus
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