hecho dormir, entonces, ¿cómo haré hoy sin Ti?” Mientras estaba en esto, mi dulce Jesús se
ha movido en mi interior diciéndome:
(4) “Hija mía, en mi Voluntad no hay noches, ni sueño, siempre es pleno día y plena vigilia; no
hay tiempo para dormir porque hay mucho qué hacer, qué tomar y qué hacerse feliz en Ella, por
lo tanto tú debes aprender a vivir en el largo día de mi Voluntad, para hacer que mi Voluntad
pueda tener su Vida de actitud continua en ti; además encontrarás el más bello reposo, porque
mi Voluntad te hará subir siempre más en tu Dios y te lo hará comprender más, y por cuanto
más lo comprendas, tanto más tu alma quedará ensanchada para poder recibir ese reposo
eterno, con todas las felicidades y alegrías que contiene el reposo divino. ¡Oh! qué bello reposo
será éste para ti, reposo que sólo en mi Voluntad se encuentra”.
(5) Ahora, mientras esto decía, ha salido de dentro de mi interior y poniendo sus brazos en mi
cuello me estrechaba fuerte a Él, y yo extendí también los míos y lo estrechaba fuerte a mí.
Mientras estaba en esto, mi dulce Jesús llamaba a muchas personas que se estrechaban a sus
pies y Jesús les decía: “Vengan a mi corazón y les haré ver los portentos que mi Voluntad ha
hecho en esta alma”.
(6) Habiendo dicho esto ha desaparecido.
17-52
Julio 9, 1925
Sufrir junto con Jesús sirve de toque continuo, con el cual llama
a las puertas del alma, y el alma llama a las puertas de la suya.
(1) Sentía que no podía estar más sin mi dulce Jesús. Por varios días he tenido que suspirar
su regreso, pero en vano, y le decía de corazón:
(2) “Amor mío, regresa a tu pequeña hija, ¿no ves que no puedo más? ¡Ay, a qué duro martirio
sometes mi pobre existencia con privarme de Ti!”
(3) Y cansada y exhausta me abandonaba en su Santísimo Querer. Ahora, mientras me
encontraba en este estado, estaba leyendo y sentí ponerme sus brazos al cuello, mi mente ha
quedado adormecida y me he encontrado estrechada por los brazos de Jesús, toda cubierta y
escondida en Él. Yo quería decirle mi dolor, pero no me ha dado tiempo de hacerlo y ha hablado
Jesús diciéndome:
(4) “Hija mía, no quieres persuadirte que cuando mi Justicia quiere, por justa razón, castigar
a las gentes, Yo estoy obligado a esconderme de ti, porque tú no eres otra cosa que una
pequeña partecilla que vincula todas las otras partecitas de las demás criaturas, y estar a lo
familiar contigo y como en fiesta y golpear a las otras partecitas vinculadas a ti, entonces mi
Justicia se encuentra en contraste y se siente disuadir del castigar a las otras partecitas. Por
eso, en estos días pasados en que ha habido castigos en el mundo me he mantenido oculto de
ti, pero siempre en ti”.
(5) Mientras esto decía me he encontrado fuera de mí misma, y me hacía ver que en varios
puntos de la tierra había habido: Dónde terremotos, dónde graves incendios con muerte de
gentes, y dónde otros castigos, y parecía que otros graves males seguirían. Yo he quedado
espantada y rezaba, y mi amable Jesús ha regresado, yo me veía frente a Él toda fea, como
marchita y le he dicho:
(6) “Vida mía y mi todo, mírame cómo me he hecho fea, cómo me estoy marchitando. ¡Ah,
sin Ti cómo cambio! Tu privación me hace perder la frescura, la belleza, me siento como bajo
un sol ardiente que quitándome todos los humores vitales me hace marchitar y consumirme”.
(7) Entonces Jesús me hizo sufrir un poco junto con Él, y ese sufrimiento se convertía sobre
mi alma como en un celestial rocío que me restituía los humores vitales, y tomando mi pobre
alma en sus manos ha agregado: