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Junio 29, 1925
Así como las obras de Jesús, hasta después de su
muerte tuvieron su pleno triunfo, así será de Luisa.
(1) Me sentía oprimida y un pensamiento quería turbar la serenidad de mi mente: “Y si te
encontraras en el punto de la muerte y te vinieran dudas, temores de cómo te has comportado
en tu vida, tanto de hacerte temer de tu salvación, ¿qué harías?” Pero mientras esto pensaba,
mi dulce Jesús no me ha dado tiempo de reflexionar más ni de responder a mi pensamiento, y
moviéndose en mi interior se hacía ver que movía la cabeza, y como entristecido por mi
pensamiento me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿qué dices? Pensar esto es una afrenta a mi Voluntad, en Ella no entran ni
temores, ni dudas, ni peligro alguno, estas son cosas que no le pertenecen, son más bien los
míseros harapos de la voluntad humana; mi Voluntad es como un mar plácido que murmura paz,
felicidad, seguridad, certeza, y las olas que hace salir de su seno son olas de alegrías y de
contentos sin termino, por eso al verte pensar esto Yo he quedado estremecido; mi Voluntad no
es capaz de temores, de dudas, de peligro, y el alma que vive en Ella se hace extraña a los
míseros harapos de la voluntad humana. Y además, ¿de qué puede temer mi Voluntad? ¿Quién
puede hacer suscitar dudas de su obrar, si ante la Santidad de mi Querer obrante todos tiemblan
y están obligados a bajar la frente, adorando el obrar de mi Voluntad? Es más, quiero decirte
una cosa, para ti muy consoladora y para Mí de gran gloria: Cuando mueras en el tiempo,
sucederá de ti lo que sucedió de Mí en mi muerte: Yo en vida obré, recé, prediqué, instituí
Sacramentos, sufrí penas inauditas y hasta la misma muerte, pero mi Humanidad, puedo decir
que casi nada vio en comparación del gran bien que había hecho, ni los mismos Sacramentos
tuvieron vida mientras Yo estuve sobre la tierra. En cuanto morí, mi muerte selló todo mi obrar,
mis palabras, mis penas, los Sacramentos, y el fruto de mi muerte confirmó todo lo que Yo hice,
e hizo resurgir a vida mis obras, mis penas, mis palabras, mis Sacramentos instituidos por Mí y
la continuación de la vidade ellos hasta la consumación de los siglos, así que mi muerte puso
en movimiento todas mis obras y las hizo resurgir a vida perenne. Todo esto era justo, pues
conteniendo mi Humanidad al Verbo Eterno y una Voluntad que no tiene ni principio ni fin, ni
está sujeta a morir, de todo lo que Ella hizo nada debía perecer, ni siquiera una sola palabra,
sino que todo debía tener su continuación hasta el fin de los siglos, para pasar a los Cielos a
beatificar a todos los bienaventurados eternamente. Así sucederá de ti: Mi Voluntad que vive
en ti, que te habla, que te hace obrar, sufrir, nada dejará perecer, ni siquiera una palabra de las
tantas verdades que te he manifestado sobre mi Voluntad, todo lo pondrá en movimiento, todo
lo hará resurgir, tu muerte será la confirmación a todo lo que te he dicho; y así como en el vivir
en mi Voluntad, todo lo que el alma hace, sufre, reza, habla, contiene un acto de Voluntad Divina,
todo esto no estará sujeto a morir, sino que quedarán como tantas vidas en el mundo, todas en
acto de dar vida a las criatura. Por lo tanto, todas las verdades que te he dicho, tu muerte rasgará
los velos que las cubren y resurgirán como tantos soles que disiparán las nubes de todas las
dudas y dificultades con las que parecían cubiertas en vida. Así que mientras tú vivas en este
bajo mundo, poco o nada verás en los demás de todo el gran bien que mi Voluntad quiere hacer
por medio tuyo, pero después de tu muerte todo tendrá su pleno efecto”.
(3) Después de esto he pasado la noche sin poder cerrar los ojos al sueño y sin recibir las
acostumbradas visitas de mi amable Jesús, porque viniendo Él yo quedo adormecida en Él y
para mí es más que sueño; pero ese tiempo lo he pasado haciendo las horas de la Pasión y
haciendo mis acostumbrados giros en su adorable Voluntad; luego veía que era ya de día, (esto
me sucede frecuentemente), y estaba diciendo entre mí: “Amor mío, ni has venido ni me has