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Junio 18, 1925
Todas las cosas contienen el germen de la regeneración. La Voluntad
de Dios debe regenerar en la voluntad humana para cambiarla en Divina.
(1) Estaba según mi costumbre fundiéndome en el Santo Querer Divino, y haciéndose delante
de mi mente aquel vacío inmenso de la Santísima Voluntad Suprema, pensaba entre mí:
“¿Cómo puede ser que este vacío será llenado por la correspondencia de los actos humanos
hechos en esta adorable Voluntad Divina? Para hacer esto se deben quitar todas las barreras
de la voluntad humana que impiden el paso para entrar en este ambiente eterno y celestial de
la Voluntad Suprema, en la cual parece que Dios los espera, para hacer que el hombre regrese
a su origen en el orden de la Creación, y sobre aquellos primeros pasos y camino en el cual
había tenido su principio; sin embargo nada nuevo se ve en el mundo de bien; los pecados,
como eran, tales son, más aún, son peores; y si algún despertar se oye de religión, de obras
aun en círculos católicos, parecen verdaderas mascaradas de aquel bien, pero en el fondo, en
la sustancia, están vicios que horrorizan más que antes; por tanto, ¿cómo podrá ser que el
hombre dé la muerte como de un solo golpe a todos los vicios para dar vida a todas las virtudes,
como se requiere para vivir en este ambiente de la Voluntad Suprema? Porque para vivir en
Ella no hay términos medios, vidas a mitad de virtudes y vicios, sino que es necesario sacrificar
todo para convertir todas las cosas en Voluntad de Dios; la voluntad humana y las cosas
humanas no deben tener más vida, sino que deben existir para cumplir en ellas la Voluntad de
Dios y para hacer desarrollar su Vida en nosotros. Ahora, mientras esto y otras cosas pensaba,
mi dulce Jesús interrumpiendo mi pensamiento me ha dicho:
(2) “Hija mía, sin embargo será así, este vacío inmenso de mi Voluntad será llenado por los
actos humanos hechos por las criaturas en mi Voluntad. Mi Voluntad Divina salió del seno eterno
del Ente Supremo para bien del hombre; esta nuestra Voluntad mientras hizo un acto solo al
salir de Nosotros para envolver al hombre, de manera que no encontrara el camino para salir de
Ella, se multiplicó luego en tantos innumerables actos para circundarlo y decirle: ‘Mira, esta mi
Voluntad no sólo te envuelve, sino que está en continua actitud de actos inmediatos para
hacerse conocer por ti y recibir tu acto de correspondencia en mi Voluntad’. Todas las cosas
tienen su correspondencia, y si no la tienen se pueden llamar obras inútiles y sin valor. La
semilla arrojada bajo tierra por el sembrador quiere la correspondencia, que la semilla genere
otras semillas, el diez, el veinte, el treinta por uno. El árbol plantado por el agricultor quiere la
correspondencia de la generación y multiplicación de sus frutos. El agua sacada de la fuente
da la correspondencia de quitar la sed, lavar y limpiar a quien la ha sacado. El fuego encendido
da la correspondencia del calor, y así todas las demás cosas creadas por Dios, que tienen el
poder de generar, contienen la virtud de la regeneración, se multiplican y dan su
correspondencia. Ahora, ¿sólo esta Voluntad nuestra, salida de Nosotros con tanto amor, con
tantas manifestaciones y con tantos actos continuados debe quedar sin su correspondencia de
la regeneración de otras voluntades humanas en Divinas? La semilla da otra semilla, el fruto
genera otro fruto, el hombre genera otro hombre, el maestro forma otro maestro y, ¿sólo nuestra
Voluntad, por cuán potente Ella sea debe quedar aislada, sin correspondencia y sin generar la
nuestra en la voluntad humana? ¡Ah no, esto es imposible! Nuestra Voluntad tendrá su
correspondencia, tendrá su generación Divina en la voluntad humana, mucho más que esto fue
nuestro primer acto por el cual todas las demás cosas fueron creadas, es decir, que nuestra
Voluntad transforme y regenere la voluntad humana en Divina. Voluntad salió de Nosotros,
voluntad queremos, todas las demás cosas fueron hechas en orden secundario, pero esto fue
hecho, establecido en el orden primario de la Creación, a lo más podrá llevar tiempo, pero no
terminarán los siglos, sin que mi Voluntad obtenga su finalidad. Si ha obtenido la finalidad de la