tal y tanto el conocimiento de mis bienes, de mi Voluntad y de mi felicidad, que todos quedan
llenos de ellos hasta el borde, hasta desbordarse fuera, tanto, que su voluntad no encuentra
lugar para obrar, y mientras son libres, el conocimiento de una Voluntad infinita y de bienes
infinitos en los cuales están inmersos, los lleva con una fuerza irresistible a usar de su voluntad
como si no la tuvieran, considerando esto como suma fortuna y felicidad, pero espontáneamente
libres y de toda su voluntad. Así tú hija mía, el hacerte conocer mi Voluntad ha sido la gracia
más grande que te he hecho, y mientras eres libre de hacer o no hacer tu voluntad, frente a la
mía la tuya se siente incapaz de obrar, se siente anulada, y conociendo el gran bien de mi
Voluntad aborreces la tuya, y sin que nadie te fuerce, amas hacer la mía en vista del gran bien
que te viene. Además, los tantos conocimientos que te he manifestado de mi Voluntad son
vínculos divinos, cadenas eternas que te circundan, posesión de bienes celestiales; y huir de
estas cadenas eternas, romper estos vínculos divinos, perder estas posesiones celestiales, aún
en vida, tu voluntad, si bien libre, no encuentra el camino para salir, se revuelve, ve su pequeñez
y temiendo de sí misma, rápidamente se arroja y se profundiza con más amor espontáneo en
mi Voluntad. El conocimiento abre las puertas de aquel bien que se conoce, y por cuantos
conocimientos de más te he manifestado sobre mi Voluntad, otras tantas diferentes puertas de
bienes te he abierto, de luz, de gracia y de participaciones divinas. Estas puertas son abiertas
para ti y cuando estos conocimientos lleguen en medio de las criaturas, se abrirán estas puertas
para ellas, porque el conocimiento hace surgir el amor al bien conocido, y la primera puerta que
abriré será mi Voluntad, para cerrar la pequeña puerta de su voluntad. Mi Voluntad hará
aborrecer la suya, porque frente a mi Voluntad, la humana es incapaz de obrar, con la luz de la
mía ve cómo es insignificante y buena para nada, por eso, como consecuencia las criaturas
harán a un lado la propia voluntad. Además, tú debes saber que cuando te manifiesto un
conocimiento de mi Voluntad, entonces me decido a abrirte otra puerta de mi conocimiento,
cuando tú hayas hecho entrar en tu alma todo el bien de lo que te he manifestado; si esto no lo
hiciera así, sería tuya sólo la noticia de ese bien, no su posesión, y Yo esto no lo sé hacer,
cuando hablo Yo quiero que se posea el bien que manifiesto, por eso sé atenta en el ejercicio
de mi Voluntad, a fin de que te abra otras puertas de mis conocimientos y tú entres más en las
posesiones divinas”.
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17-46
Junio 3, 1925
Todo fue hecho en la Creación, en Ella la Divinidad manifestó toda su
Majestad, Potencia y Sabiduría, e hizo desahogo de su amor hacia
las criaturas. Si el hombre no toma la Divina Voluntad, las obras de
la Redención y Santificación no tendrán sus copiosos efectos.
(1) Estaba según mi costumbre fundiéndome en el Santo Querer Divino y pensaba entre mí:
“En dónde Nuestro Señor Dios ha hecho más por la criatura, en la Creación, en la Redención o
en la Santificación”. Y mi siempre amable Jesús, moviéndose en mi interior me hacía ver toda
la Creación, ¡cuánta sublimidad! ¡Qué magnificencia! ¡Cuántas armonías! ¡Qué orden! No hay
punto ni del cielo ni de la tierra en el cual Dios no haya creado una cosa especial y distinta, y
con tal maestría, que los más grandes científicos, ante la más pequeña cosa creada por Dios,
sienten que toda su ciencia y maestría es una nada comparada con las cosas creadas por Dios,
llenas de vida y de movimiento. ¡Oh! ¡Cómo es verdad que mirar el universo y no conocer a
Dios, no amarlo y no creer en Él es una verdadera locura! Todas las cosas creadas son como
tantos velos que lo esconden, y Dios viene a nosotros en cada cosa creada como velado, porque
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