terrestres, pero para quien vive en Ella, está atado a un punto eterno, corre junto con la mía,
está circundado de fuerza inexpugnable, por eso no temas y sé atenta”.
(6) Luego, como si Jesús me quisiera consolar y reafirmar en su Santísima Voluntad, ha
tomado mi mano en la suya y me ha dicho:
(7) “Hija mía, ven a hacer tu giro en mi Voluntad, mira, mi Voluntad es una, pero corre como
dividida en todas las cosas creadas, pero sin dividirse. Mira las estrellas, el cielo azul, el sol, la
luna, las plantas, las flores, los frutos, los campos, la tierra, el mar, todo y todos, en cada cosa
hay un acto de mi Voluntad, y no sólo hay un acto, sino que se ha quedado como conservadora
de mi mismo acto en cada cosa creada. Mi Voluntad no quiere quedar sola en su acto, sino
quiere la compañía de tu acto, quiere tu correspondencia, por eso te he puesto en mi Voluntad,
a fin de que hagas compañía a mis actos, y junto con mi Voluntad tú querrás lo que quiero Yo,
que las estrellas centelleen, que el sol llene de luz a la tierra, que las plantas florezcan, que los
campos reverdezcan, que el pájaro cante, que el mar murmure, que el pez serpentee, en suma,
querrás lo que quiero Yo; mi Voluntad no se sentirá más sola en las cosas creadas, sino sentirá
la compañía de tus actos, por eso gira por cada cosa creada, y constitúyete acto por cada acto
de mi Voluntad. Esto es el vivir en mi Querer, no dejar jamás solo a su Creador, admirar todas
sus obras y darle a sus actos grandes los pequeños actos de criatura”.
(8) Yo, no sé cómo me he encontrado en aquel vacío inmenso de luz para encontrar todos los
actos salidos de la Voluntad de Dios, para poner en ellos mi correspondencia de acto de
adoración, de alabanza, de amor y de agradecimiento, y después me he encontrado en mí
misma.
+ + +
17-45
Mayo 30, 1925
El conocimiento abre las puertas del bien que se conoce para poseerlo.
El libre albedrío en el Cielo y el vivir en la Divina Voluntad en la tierra.
(1) Me sentía oprimida por la pérdida de mi adorable Jesús, ¡oh, cómo suspiraba su regreso!
Lo llamaba con el corazón, con la voz, con los pensamientos, que su privación me los volvía
inquietos. ¡Oh! Dios, qué largas noches sin Jesús, mientras que junto con Él pasan como un
suspiro. Entonces decía: “Amor mío, ven, no me dejes, soy demasiado pequeña, tengo
necesidad de Ti, y Tú sabes que mi pequeñez no puede estar sin Ti, ¿y sin embargo me dejas?
¡Ah, vuelve, vuelve oh Jesús!” En ese momento me puso un brazo en el cuello y se hizo ver
como niño, apoyaba fuerte fuerte su cabeza en mi pecho, y daba con su misma cabeza golpes
en mi pecho y me lo sentía como romper, tanto que yo temblaba y tenía temor, y Jesús, con voz
fuerte y suave me ha dicho:
(2) “Hija mía, no temas, soy Yo, no te dejo, y además, ¿cómo puedo dejarte? El vivir en mi
Voluntad vuelve al alma inseparable de Mí, mi Vida es para ella más que alma al cuerpo, y así
como el cuerpo sin el alma se convierte en polvo, porque falta la vida que lo sostiene, así tú, sin
mi Vida en ti quedarías vacía de todos los actos de mi Voluntad en ti, no oirías más en el fondo
de tu alma mi repetida voz que te sugiere el modo de hacerte cumplir tu oficio en mi Voluntad;
si está mi voz, está también mi Vida que la emite. Cuán fácil eres para pensar que puedo dejarte,
no lo puedo, primero deberías tú dejar mi Voluntad, y luego podrías pensar que Yo te he dejado;
pero el dejar tú mi Voluntad te será muy difícil, por no decirte casi imposible. Tú te encuentras
casi semejante a las condiciones en las cuales se encuentran los bienaventurados en el Cielo,
ellos no han perdido el libre albedrío, esto es un don que di al hombre, y lo que Yo una vez doy
no lo quito jamás. En el Cielo no ha entrado jamás la esclavitud, soy Dios de los hijos, no de los
esclavos; soy Rey que hago a todos reinar; no hay división entre Yo y ellos, pero en el Cielo es