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Mayo 21, 1925
Voluntad Divina y humana son los más fieros enemigos. El vivir en
el Divino Querer es no dejar jamás solo a su Creador, admirar todas
sus obras y darle a sus grandes actos, los pequeños actos de las criaturas.
(1) Estaba pensando entre mí, y casi me lamentaba con mi amable Jesús, de que algunas
veces actúa de modo que viene y me hace sufrir en la presencia del confesor, y por cuanto yo
haga por resistir y no caer en ese estado de pérdida de los sentidos y de penas, me resulta
imposible. Y le digo a Jesús: “Amor mío, hubo tiempo esta noche, hay tiempo hoy de que
vengas y me hagas sufrir, pero ahora que está el confesor déjame libre y después harás lo que
quieras, estaré a tu disposición”. Pero qué, en vano es decirlo, una fuerza irresistible me
sorprende y me pone en un estado como si estuviera muriendo; por eso me lamentaba de esto
con Jesús y le rogaba que no lo permitiera, y Él, todo bondad me ha dicho:
(2) “Hija mía, si esto lo permito es por la firmeza del confesor que no cesa de pedirme que te
haga sufrir, siempre con la finalidad de mi gloria y de aplacarme. Si Yo no concurriera quedaría
deshonrado en ti, y harías poner en duda las verdades que te he manifestado, tanto sobre mi
Voluntad cuanto sobre las virtudes. Se diría: ¿Dónde está la obediencia de la víctima, en la que
debe ser transmutada aun la misma naturaleza en la obediencia dada? Así que tú quisieras
deshonrarme y hacer creer que no soy Yo quien te habla y quien obra en ti.
(3) Además de esto, tú debes saber que para confiarte a ti la misión de mi Voluntad, si no te
quité la mancha original como hice con mi amada Mamá, te quité el incentivo de la
concupiscencia y el germen de la corrupción, porque convenía al decoro y a la Santidad de mi
Voluntad que no tomara puesto en una voluntad y naturaleza corrompida; habrían sido como
nubes frente al Sol de mi Querer, y los conocimientos de Él, como rayos, no habrían penetrado
y tomado posesión de tu alma. Ahora, estando mi Voluntad en ti, contigo está ligado todo el
Cielo, la Virgen Santísima, todos los santos y ángeles, porque Ella es vida de cada uno de ellos;
por eso, cuando tú titubeas, aun mínimamente, o reflexionas si debes o no aceptar, Cielo y tierra
se sienten sacudir desde sus cimientos, porque esa Voluntad que es vida de todos, y que por
su suma bondad suya quiere reinar en ti como en el Cielo, no tiene su pleno dominio ni su justo
honor. Por eso te recomiendo que no llames más a vida a tu querer si quieres que tu Jesús
quede honrado en ti, y mi Voluntad quede con su pleno dominio”.
(4) Yo he quedado espantada al oír el gran mal que hago sólo al reflexionar si debo o no ceder
a lo que Jesús quiere de mí, aunque después termino siempre con ceder, ¿qué será si, jamás
sea, no cediera? Y me sentía angustiada temiendo que pudiera suceder esto, y mi amable
Jesús teniendo compasión de mi angustia, que me oprimía al temer que, nunca lo sea, no hiciera
siempre su Santísima Voluntad, ha regresado y me ha dicho:
(5) “Hija mía, ánimo, no temas, por eso te lo he dicho y te lo he hecho ver, cómo todo el Cielo
está ligado a esa mi Voluntad que reina en ti, a fin de que jamás cedas a tu voluntad, porque
Voluntad Divina y humana son los más fieros enemigos entre ellas, y como la Voluntad Divina
es la más fuerte, la más santa, la más inmensa, conviene que el enemigo, la voluntad humana,
esté bajo sus pies y sirva de escabel a la Voluntad Divina. Porque quien debe vivir en mi Querer
no debe considerarse como ciudadano terrestre, sino debe tenerse en cuenta como ciudadano
del Cielo, y con justa razón todos los bienaventurados se sienten sacudidos, porque quien vive
con su misma voluntad piensa hacer salir en campo la voluntad humana, causa ésta de
desorden, lo que nunca ha entrado en las regiones celestes. Tú debes estar convencida que
con vivir de mi Voluntad la vida de la tuya ha terminado, no tiene ya más razón de existir, por
eso te he dicho tantas veces que el vivir en mi Voluntad es muy diverso; para quien hace mi
Voluntad, estos son libres de dar su voluntad y retomarla, porque viven como ciudadanos