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Mayo 17, 1925
Continúa diciendo otros modos de fundirse en la Divina Voluntad,
para dar la correspondencia a nombre de todos de amor y gloria
por la obra de la Creación, de la Redención y de la Santificación.
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(1) Habiendo hecho oír al confesor lo que está escrito antes, con fecha 10 de Mayo, no ha
quedado contento y me ha impuesto seguir escribiendo acerca del modo de fundirme en el Santo
Querer Divino; y yo, sólo por obedecer y por temor de que mi Jesús pudiera mínimamente
disgustarse, comienzo nuevamente: “Agrego que mientras se presenta a mi mente aquel vacío
inmenso al fundirme en el Supremo Querer, la pequeña niña continúa su giro, y elevándose en
alto quiere corresponder a su Dios por todo el amor que tuvo por todas las criaturas en la
Creación, quiere honrarlo como Creador de todas las cosas, por eso gira por las estrellas y en
cada centelleo de luz imprime mi ‘te amo y gloria a mi Creador’; en cada átomo de luz del sol
que desciende a lo bajo, ‘te amo y gloria’; en toda la extensión de los cielos, entre la distancia
de un paso al otro, mi ‘te amo y gloria’; en el trinar del pájaro, en el movimiento de sus alas,
‘amor y gloria a mi Creador’; en el hilo de hierba que despunta de la tierra, en la flor que se abre,
en el perfume que se eleva, ‘amor y gloria’; en la altura de los montes y en la profundidad de los
valles, ‘amor y gloria’. Giro por cada corazón de criatura, como si me quisiera encerrar dentro,
y gritar dentro a cada corazón mi ‘te amo y gloria a mi Creador’; quisiera que uno fuese el grito,
una la voluntad, una la armonía de todas las cosas: ‘Gloria y amor a mi Creador’; y después,
como si hubiera reunido todo junto, de manera que todo diga correspondencia de amor y
testimonio de gloria por todo lo que Dios ha hecho en la Creación, me transporto a su trono y le
digo: ‘Majestad Suprema y Creador de todas las cosas, esta pequeña niña viene en vuestros
brazos para deciros que toda la Creación, a nombre de todas las criaturas, os da no sólo la
correspondencia del amor, sino la de la justa gloria por tantas cosas creadas por Vosotros por
amor nuestro. En vuestra Voluntad, en este vacío inmenso, he girado por todas partes, a fin de
que todas las cosas os glorifiquen, os amen y os bendigan, y ya que he puesto en relación el
amor entre Creador y criatura, que la voluntad humana había roto, y la gloria que todos os
debían, haced descender vuestra Voluntad a la tierra, a fin de que vincule, reafirme todas las
relaciones entre Creador y criatura, y así todas las cosas retornarán al orden primero,
establecido por Vosotros; por eso hacedlo pronto, no tardéis más, ¿no veis cómo está llena de
males la tierra? Sólo vuestra Voluntad puede detener esta corriente, puede ponerla a salvo,
pero vuestra Voluntad conocida y dominadora”.
(2) Entonces, después de esto siento que mi oficio no está completo, por eso desciendo a lo
bajo de ese vacío para corresponder a mi Jesús por la obra de la Redención, y como si
encontrase en acto todo lo que Él hizo, quiero darle mi correspondencia de todos los actos que
deberían haber hecho todas las criaturas si lo hubieran esperado y recibido en la tierra, y
después, como si me quisiera transformar toda en amor por Jesús, vuelvo a mi estribillo y digo:
“Te amo en el acto de descender del Cielo e imprimo mi ‘te amo’ en el acto en que fuiste
concebido, ‘te amo’ en la primera gota de sangre que se formó en tu Humanidad, ‘te amo’ en el
primer latido de tu corazón, para sellar todos tus latidos con mi ‘te amo’; ‘te amo’ en tu primer
respiro, ‘te amo’ en tus primeras penas, ‘te amo’ en tus primeras lágrimas que derramaste en el
seno materno; quiero corresponder tus oraciones, tus reparaciones, tus ofrecimientos con mi ‘te
amo’, cada instante de tu Vida lo quiero sellar con mi ‘te amo’; ‘te amo’ en tu nacimiento, ‘te amo’
en el frío que sufriste, ‘te amo’ en cada gota de leche que chupaste de tu Mamá; intento llenar
con mis ‘te amo’ los pañales con los que tu Mamá te envolvió; extiendo mi ‘te amo’ sobre de
aquella tierra en la cual tu querida Mamá te recostó en el pesebre, y tus ternísimos miembros
sintieron la dureza del heno, pero más que heno la dureza de los corazones; mi ‘te amo’ en cada