(10)“Hija mía, en esas gotas de agua que ves descender del cielo está mi Voluntad, Ella corre
rápidamente junto con el agua, va para quitar la sed a las criaturas, para descender en las
vísceras humanas, en sus venas, para refrescarlas y constituirse vida de las criaturas y llevarles
mi beso, mi amor; va para regar la tierra, para fecundarla y prepararles el alimento; va para
tantas otras necesidades de ellas. Mi Voluntad quiere tener Vida en todas las cosas creadas
para dar vida celestial y natural a todas las criaturas. Pero Ella, mientras va como en fiesta,
llena de amor hacia todas, no recibe la adecuada correspondencia y queda como en ayunas por
parte de las criaturas. Hija mía, tu voluntad fundida en la mía corre también en esa agua que
llueve del cielo, corre junto dondequiera que Ella va, no la dejes sola y dale la correspondencia
de tu amor, y por todos”.
(11) Pero mientras esto decía, mis ojos quedaban encantados, no los podía apartar de dentro
del agua que llovía, mi voluntad corría junto, veía en aquella agua las manos de mi Jesús,
multiplicadas en tantas, para llevar con sus manos el agua a todos. ¿Quién puede decir lo que
sentía en mí? Lo puede decir sólo Jesús, que es el autor. ¿Pero quién puede decir los tantos
modos de fundirme en su Santísimo Querer? Por ahora basta, si Jesús quiere que siga me dará
las palabras y la gracia de decir más, y yo seguiré escribiendo.
(12) Además de esto, decía a mi Jesús: “Dime amor mío, ¿qué cosa es este vacío que se
presenta ante mi mente cuando me fundo en tu Santísima Voluntad? ¿Quién es esta niña que
sale de mí y por qué siente una fuerza irresistible de ir ante tu trono para depositar sus pequeños
actos en el regazo divino, como para hacerle fiesta?” Y mi dulce Jesús, todo bondad me ha
dicho:
(13) “Hija mía, el vacío es mi Voluntad puesta a tu disposición, que debería llenarse de tantos
actos por cuantos las criaturas hubieran hecho si hubiesen cumplido nuestra Voluntad. Este
vacío inmenso que tú ves, que representa nuestra Voluntad, salió de nuestra Divinidad a bien
de todos en la Creación para hacer feliz todo y a todos, por lo tanto era como consecuencia que
todas las criaturas debían llenar este vacío con la correspondencia de sus actos y con la
donación de su voluntad a su Creador, y no habiéndolo hecho se hace la ofensa más grave, por
eso te llamamos a ti con misión especial, para que seamos resarcidos y correspondidos de lo
que los demás nos debían, y esta es la causa por la cual primero te dispusimos con una larga
cadena de gracias y después te preguntamos si querías hacer vida en nuestra Voluntad, y tú
aceptaste con un ‘sí’, atando tu voluntad a nuestro trono sin quererla conocer más, porque
voluntad humana y Divina no se reconcilian ni pueden vivir juntas; entonces, aquel ‘sí’, o sea tu
voluntad, existe fuertemente atado a nuestro trono, he aquí por qué tu alma, como pequeña niña
es atraída ante la Majestad Suprema, porque está tu querer delante a Nosotros, que como imán
te atrae, y tú en vez de mirar tu voluntad te ocupas sólo de llevar a nuestro regazo todo lo que
has podido hacer en nuestra Voluntad, y depositas en nuestro seno nuestra misma Voluntad
como el homenaje más grande que a Nosotros nos conviene y la correspondencia más
agradable a Nosotros. Entonces, el no tomar en cuenta a tu voluntad, y el solo Querer nuestro
que vive en ti, nos pone en fiesta; tus pequeños actos hechos en nuestro Querer nos traen las
alegrías de toda la Creación, así que parece que todo nos sonríe y nos hace fiesta; y al verte
descender de nuestro trono sin ni siquiera mirar tu voluntad, llevándote la Nuestra, es para
Nosotros la alegría más grande, por eso te digo siempre, sé atenta a nuestro Querer, porque en
Él hay mucho qué hacer, y mientras más hagas, más fiesta nos darás y nuestro Querer se verterá
a torrentes en ti y fuera de ti”.
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