glorificado en mis obras. Así hice con mi Mamá, la llené de tanta gracia que puede dar gracias
a todos sin agotar una sola; así hice con mi Humanidad, no hay bien que no posea, encierra
todo, aún a la misma Divinidad, para darla a quien la quiera; así he hecho contigo, he encerrado
en ti mi Voluntad, y con Ella me he encerrado a Mí mismo; he encerrado en ti sus conocimientos,
sus secretos, su luz; he llenado tu alma hasta el borde, tanto, que lo que escribes no es otra
cosa que el desahogo de lo que contienes de mi Voluntad, y a pesar de que ahora te sirve sólo
a ti, y algún rayo de luz a alguna otra alma, Yo me contento, porque siendo luz, por sí misma,
más que segundo sol se hará camino para iluminar las generaciones humanas y llevar el
cumplimiento de nuestras obras, que nuestra Voluntad sea conocida y amada y reine como vida
en las criaturas. Esta fue la finalidad de la Creación, éste su principio, éste será el medio y el
fin. Por eso sé atenta, porque se trata de poner a salvo esa Voluntad Eterna que con tanto amor
quiere habitar en las criaturas, pero quiere ser conocida, no quiere estar como extraña, sino
quiere dar sus bienes y hacerse vida de cada uno, pero quiere sus derechos, su lugar de honor,
quiere que la voluntad humana se ponga a un lado, única enemiga suya y del hombre. La misión
de mi Voluntad fue la finalidad de la creación del hombre. Mi Divinidad no partió del Cielo, de
su trono, pero mi Voluntad no sólo partió, sino que descendió en todas las cosas creadas y ahí
formó su Vida. Pero mientras todas las cosas me reconocieron, y Yo con majestad y decoro en
ellas habito, sólo el hombre me arrojó; pero Yo quiero conquistarlo y vencerlo, y por eso mi
misión no ha terminado, por eso te he llamado a ti, confiándote mi misma misión, a fin de que
pongas en el regazo de mi Voluntad al que me arrojó, y todo me regrese en mi Querer. Por eso
no te asombres por cuantas cosas grandes y maravillosas pueda decirte para esta misión, por
cuantas gracias pueda hacerte, porque no se trata de hacer un santo, de salvar a las
generaciones, sino se trata de poner a salvo una Voluntad Divina, que todos regresen al
principio, al origen del cual todos salieron, y que la finalidad de mi Voluntad tenga su
cumplimiento”.
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17-42
Mayo 10, 1925
Diversos modos de fundirse en el Divino Querer. En la Divina
Voluntad está el vacío de los actos humanos que se deben hacer en Ella.
(1) Escribo sólo por obedecer y hago una mezcla de cosas pasadas y de cosas presentes.
Muchas veces en mis escritos digo: “Me estaba fundiendo en el Santo Querer Divino”, pero no
explico más. Ahora, obligada por la obediencia digo lo que me sucede en este fundirme.
Mientras me fundo en Él, frente a mi mente se hace presente un vacío inmenso, todo de luz, en
el cual no se encuentra hasta dónde llega la altura, ni dónde llega la profundidad, ni los confines
a la derecha ni a la izquierda, ni enfrente ni atrás. En medio de esta inmensidad, en un punto
altísimo me parece ver a la Divinidad, o bien las Tres Divinas Personas que me esperan, pero
esto siempre mentalmente, y yo, no sé cómo, pero una pequeña niña sale de mí, pero soy yo
misma, tal vez es la pequeña alma mía, pero es conmovedor ver a esta pequeña niña ponerse
en camino en este vacío inmenso, toda sola, que camina tímida, de puntitas, con los ojos
siempre dirigidos adonde ve a las Tres Divinas Personas, porque teme que si baja la mirada a
ese vacío inmenso no sabe a qué punto irá a terminar. Toda su fuerza está en la mirada fija en
lo alto, que siendo correspondida con la mirada de la Alteza Suprema, toma fuerzas en el
camino. Ahora, cuando llega frente a Ellas, se postra con la cara al vacío para adorar a la
Majestad Divina, pero una mano de las Divinas Personas levanta a la pequeña niña y Ellas le
dicen:
(2) “Nuestra hija, la pequeña hija de nuestra Voluntad, ven en nuestros brazos”.