mi Voluntad, por eso también suspiran que mi Querer viva en las almas en la tierra; así que cada
acto que hace la criatura en mi Voluntad, es un beso que da y recibe de Aquél que la creó y de
todos los bienaventurados. ¿Pero sabes tú qué cosa es este beso? Es la transformación del
alma con su Creador, es la posesión de Dios en el alma y del alma en Dios, es el crecimiento
de la Vida Divina en el alma, es la armonía de todo el Cielo y es el derecho de la supremacía
sobre todas las cosas creadas. El alma purificada por mi Voluntad, gracias al aliento
omnipotente que le viene infundido por Dios, no más da náusea por la voluntad humana, y por
lo tanto Dios continúa infundiéndole su aliento omnipotente, a fin de que crezca con esa Voluntad
con la cual la creó; mientras que el alma que no haya sido aún purificada siente el atractivo de
su voluntad, y por lo tanto obra contra la Voluntad de Dios haciendo la suya; Dios no puede
acercarse a ella para infundirle su aliento de nuevo, hasta en tanto que no se da toda al ejercicio
y cumplimiento de la Divina Voluntad. Por eso tú debes saber que Dios al crear al hombre con
su aliento le infundía la vida, y en esta vida le infundía una inteligencia, memoria y voluntad, para
ponerla en relación con la suya, y esta Voluntad Divina debía ser como rey que debía dominar
todo el interior de la criatura y dar vida a todo, en modo de formar la inteligencia y la memoria
querida por la Voluntad Suprema en ella; formada ésta, era como connatural que el ojo de la
criatura debía mirar las cosas creadas y conocer en ellas el orden y la Voluntad de Dios sobre
todo el universo, el oído debía oír los prodigios de esta eterna Voluntad, la boca debía sentirse
infundir continuamente el aliento de su Creador para comunicarle la Vida y los bienes que
contiene su Querer, su palabra debía hacer eco a aquel Fiat eterno para narrar lo que significa
Voluntad de Dios, las manos debían ser el desahogo de las obras de esta Voluntad Suprema,
los pies no debían hacer otra cosa que seguir paso a paso los pasos de su Creador. Así que
establecida la Voluntad Divina en la voluntad de la criatura, ella tiene el ojo, el oído, la boca, las
manos, los pies de mi Voluntad, no se separa jamás del principio de donde salió, por lo tanto
está siempre en mis brazos, y le resulta fácil a ella sentir mi aliento, y a Mí el infundírselo. Ahora,
es precisamente esto lo que quiero de la criatura, que haga reinar mi Voluntad en la suya, y que
la suya le sirva de habitación para hacerla depositar en ella los bienes celestiales que contiene.
Esto quiero de ti, a fin de que todos tus actos, sellados por mi Voluntad, formen un acto solo,
que uniéndose a ese acto único de mi Voluntad, que no tiene multiplicidad de actos como es en
el hombre, queden tus actos en ese principio eterno para copiar a tu Creador y darle la gloria y
el contento de que su Querer sea cumplido en ti como se cumple en el Cielo”.
+ + +
17-39
Abril 26, 1925
El bien que harán los escritos acerca de la Divina Voluntad.
Jesús y su Voluntad son inseparables, y Ésta vuelve inseparable
de Jesús a quien se deja dominar por Ella.
(1) Estaba pensando entre mí en ciertas cosas sobre la Voluntad de Dios, que el buen Jesús
me había dicho y que las han publicado, y en consecuencia corren entre manos de quien las
quiere leer. Sentía tal vergüenza en mí que me daba una pena indescriptible y decía:
(2) “Amado bien mío, ¿cómo has permitido esto? Nuestros secretos, que por obedecer he
escrito y sólo por amor tuyo, están ya a la vista de los demás, y si continúan publicando otras
cosas yo me moriré de vergüenza y de pena. Y después de todo esto, como premio a mi duro
sacrificio me has tan dolorosamente dejado. ¡Ah! si Tú hubieras estado conmigo habrías tenido
piedad de mi pena y me habrías dado la fuerza”.
1067 sig