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Abril 9, 1925
Con el hilo de su Voluntad Jesús ata al alma. La Divina Voluntad
obrante en la criatura y sus actos hechos en Ella, forman una
nube de luz, que sirve a Jesús y al alma.
(1) Después de muchos días de amargura y de privación, mi dulce Jesús me ha transportado
fuera de mí misma, y tomándome entre sus brazos me puso sobre sus rodillas. ¡Oh! cómo me
sentía feliz, después de tantas privaciones y amarguras, en el regazo de Jesús, pero me sentía
tan tímida, sin voluntad de querer nada ni de decir nada, ni con la confianza mía acostumbrada
que tenía con Jesús cuando antes estaba conmigo. Mientras tanto, Jesús me estrechaba fuerte
a Él, tanto de hacerme sufrir, me ponía la mano en la boca casi quitándome el respiro, me
besaba, y yo, nada, no le daba ninguna correspondencia, no tenía ganas de hacer nada. Su
privación me había paralizado y me había dejado sin vida, sólo que lo dejaba hacer, no me
oponía a nada, aunque me hubiera hecho morir no me habría rehusado. Entonces Jesús,
queriendo que yo dijera algo me ha dicho:
(2) “Pequeña hija mía, dime al menos, ¿quieres que tu Jesús te ate toda, toda?”
(3) Y yo: “Haz como Tú quieras”.
(4) Y Él tomando un hilo, hacía pasar aquel hilo en torno a mi cabeza, ante los ojos, las orejas,
la boca, por el cuello, en suma, toda mi persona, hasta los pies, y después viéndome con una
mirada penetrante agregó:
(5) “Cómo es bella mi pequeña hija atada toda por Mí. Ahora sí que te amaré más, porque el
hilo de mi Voluntad no te ha dejado nada que tú puedas hacer, sin constituirse Ella vida de toda
tú, y esto te ha agraciado tanto que te ha hecho toda agradable y bella a mis ojos. Así que mi
Voluntad tiene esta virtud y potencia de volver al alma de una belleza tan rara, tan preciosa que
ningún otro podrá igualar su belleza, es tan fascinante que atrae mis ojos y los ojos de todos a
mirarla y a amarla”.
(6) Dicho esto me encontré en mí misma, confortada y reforzada, sí, pero sumamente
amargada pensando en cuándo regresaría, y que ni siquiera le había dicho una palabra de mi
duro estado. Luego, me puse a fundirme en su Santísimo Querer, y mi amable Jesús ha salido
de dentro de mi interior y formaba en torno a mí una nube de luz, y Jesús apoyaba sus brazos
sobre esa nube y miraba a todo el mundo; todas las criaturas se han hecho presentes ante su
mirada purísima, y, ¡oh! cuántas ofensas de todas clases de personas herían a mi dulce Jesús,
cuántas intrigas, cuántos engaños y fingimientos, cuántas maquinaciones de revoluciones,
estando listas para iniciarse con incidentes imprevistos. Y esto atraía los castigos, tales que
ciudades enteras quedaban destruidas. Mi Jesús apoyado en aquella nube de luz, movía la
cabeza y quedaba amargado hasta lo más íntimo del corazón, y volteándose hacia mí me ha
dicho:
(7) “Hija mía, mira el estado del mundo, es tan grave que sólo a través de esta nube de luz
puedo mirarlo, y si lo quisiera mirar fuera de esta nube lo destruiría en gran parte, ¿pero sabes
tú qué cosa es esta nube de Luz? Es mi Voluntad obrante en ti, y tus actos hechos en Ella; por
cuantos más actos haces en Ella, tanto más grande se hace esta nube de luz que me sirve de
apoyo, y para hacerme mirar con aquel amor con el cual mi Voluntad creó al hombre, Ella pone
un encanto a mis amorosas pupilas y haciéndome presente todo lo que hice por su amor, me
hace nacer en el corazón una Voluntad de compasión y me hace terminar con compadecer a
quien tanto amo. Y a ti esta nube de luz te sirve en modo maravilloso, te sirve de luz a todo tu
ser, se pone en torno a ti y te hace extraña la tierra, no permite que entre en ti ningún gusto de
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