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Febrero 8, 1925
Cada alma es una habitación de la Voluntad Divina.
(1) Esta mañana mi dulce Jesús se hacía ver tan sufriente, que mi pobre alma se sentía
deshacer de compasión; tenía todos los miembros dislocados, llagas profundas y tan dolorosas,
que Jesús gemía y se contorsionaba por la acerbidad del dolor. Se puso junto a mí como si
quisiera hacerme partícipe de sus penas; con sólo mirarlo sentía reflejar en mí sus penas, y
Jesús todo bondad me ha dicho:
(2) “Hija mía, no puedo más; toca mis llagas para endulzarlas, pon tu beso de amor sobre de
ellas, a fin de que tu amor me mitigue el dolor que siento. Este mi estado tan doloroso es el
verdadero retrato de cómo se encuentra mi Voluntad en medio de las criaturas: Está en medio
de ellas, pero como dividida, porque haciendo ellas su voluntad, no la mía, la mía queda como
dislocada y llagada por las criaturas, por eso une tu voluntad a la mía y dame un alivio a mi
dislocamiento”.
(3) Yo me lo he estrechado, le he besado las llagas de las manos, ¡oh, cuán recrudecidas por
tantas obras, aun santas, pero que no tienen su principio en la Voluntad de Dios; para endulzarle
el espasmo lo estrechaba en mis manos y Jesús todo se dejaba hacer, más bien lo quería, y así
lo hice también con todas sus otras llagas, tanto, que casi toda la mañana se ha estado conmigo.
Finalmente, antes de dejarme me ha dicho:
(4) “Hija mía, me has endulzado, siento mis huesos en su lugar, ¿pero sabes tú quién puede
endulzarme y reunir mis huesos dislocados? Quien hace reinar en sí a mi Voluntad. Cuando el
alma hace a un lado su voluntad, no dándole ni siquiera un acto de vida, mi Voluntad hace de
dueña en el alma, reina, manda e impera, se encuentra como si estuviera en su casa, esto es,
como en mi Patria Celestial, así que siendo casa mía, domino, dispongo, pongo en ella de lo
mío, porque como habitación mía puedo poner lo que quiero para hacer con ello lo que quiero,
y recibo el más grande honor y gloria que la criatura me puede dar. En cambio, quien quiere
hacer su voluntad, hace ella de dueña, dispone, manda, y mi Voluntad está como una pobre
extraña, no es tomada en cuenta, y muchas veces despreciada. Quisiera poner de lo mío pero
no puedo, porque la voluntad humana no me quiere ceder un lugar, aun en las cosas santas
quiere hacer ella como cabeza, y Yo nada puedo poner de lo mío. ¡Cómo me encuentro mal en
el alma que hace reinar su voluntad! Me sucede como a un padre que va a buscar a un hijo
suyo lejano, o bien un amigo a otro amigo: Mientras toca, se abre la puerta, pero se le deja en
la primera estancia, no se le prepara el alimento, no una cama donde dejarlo descansar, no le
hacen parte ni de sus alegrías ni de sus penas; ¡qué afrenta, qué dolor para este padre, o bien
amigo! Si ha llevado tesoros para obsequiarlos, nada deja y se marcha herido en el fondo de
su corazón. En cambio con otro, no apenas lo ven se ponen en fiesta, le preparan el mejor
alimento, la más mullida cama, es más, le dan pleno dominio sobre toda la casa y hasta sobre
ellos mismos; ¿no es esto el más grande honor, amor, respeto, sujeción que se puede usar con
un padre o con un amigo? ¿Qué cosa no le dejará de bello y de bueno para compensar tanta
generosidad?
(5) Tal es mi Voluntad, viene del Cielo para habitar en las almas, y en lugar de hacerme dueño
y señor, me tienen como un extraño y abandonado, pero mi Voluntad no se marcha, a pesar que
me tienen como extraño permanezco en medio de ellos, esperando para darles mis bienes, mis
gracias y mi santidad”.
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