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Enero 27, 1925
Las cosas creadas por Dios no salen de Él, y la Divina Voluntad
se hace alimentadora y conservadora de ellas. Así sucede
para el alma que obra en la Divina Voluntad.
(1) Mientras estaba fundiéndome en el Santo Querer Divino pensaba entre mí: “Antes, cuando
me fundía en el Santo Supremo Querer, Jesús estaba conmigo y junto con Jesús yo entraba en
Él, así que el entrar era una realidad, pero ahora yo no lo veo, así que no sé si entro en el eterno
Querer o no, lo siento más bien como una leccioncilla aprendida de memoria, o bien como un
modo de decir”. Mientras esto pensaba, mi amable Jesús se ha movido en mi interior, y
tomándome una mano en la suya me empujaba hacia lo alto y me ha dicho:
(2) “Hija mía, debes saber que me veas o no me veas, cada vez que tú te fundes en mi
Voluntad, Yo, desde dentro de tu interior te tomo una mano para empujarte a lo alto, y desde el
Cielo te doy mi otra mano para tomar la otra tuya y jalarte hacia arriba, en medio a Nosotros en
la interminable Voluntad nuestra, así que estás entre mis manos, entre mis brazos. Tú debes
saber que todos los actos hechos en nuestra Voluntad entran en el acto primero, cuando
creamos todas las cosas creadas, y los actos de la criatura besándose con los nuestros, porque
una es la Voluntad que da vida a todos estos actos, se difunden en todas las cosas creadas, tal
como está difundida nuestra Voluntad por doquier, y se constituyen correspondencia de amor,
de adoración y de gloria continua por todo lo que hemos puesto fuera en la Creación. Sólo lo
que se hace en nuestra Voluntad, comienza casi junto con Nosotros a darnos correspondencia
de amor perenne, adoración en modo divino, gloria que jamás termina, y así como por todas las
cosas creadas por Nosotros es tanto el amor que nutrimos, que no permitimos que salieran de
nuestra Voluntad, conforme las creamos así todas quedaron con Nosotros, y nuestra Voluntad
se hizo conservadora y alimentadora de toda la Creación, y por eso todas las cosas se
conservan siempre nuevas, frescas y bellas, no crecen ni decrecen, porque por Nosotros fueron
creadas todas perfectas, por eso no están sujetas a alteraciones de ninguna clase, todas
conservan su principio porque se hacen alimentar y conservar por nuestra Voluntad, y quedan
en torno a Nosotros a alabar nuestra gloria.
(3) Ahora, el obrar de la criatura en nuestra Voluntad entra en nuestras obras, y nuestra
Voluntad se hace alimentadora, conservadora y acto del mismo acto de la criatura, y estos actos
hechos en nuestra Voluntad por la criatura se ponen en torno a Nosotros, y transfundidos en
todas las cosas creadas alaban nuestra perpetua gloria. ¡Cómo es diferente nuestro obrar del
de la criatura y el amor con el cual obramos! Nosotros obramos y es tanto el amor a la obra que
hacemos, que no permitimos que salga de Nosotros, a fin de que nada pierda de la belleza con
la cual fue hecha; en cambio la criatura si hace una obra no la sabe tener consigo, es más,
muchas veces no sabe qué cosa se ha hecho de su obra, si se ha ensuciado, si la han hecho
un harapo, y esto es señal del poco amor a sus mismas obras. Y como la criatura ha salido
fuera de su principio, esto es, de la Voluntad Divina de donde salió, ha perdido el verdadero
amor hacia Dios, hacia sí misma y hacia sus obras. Yo quise que el hombre estuviera en mi
Voluntad por su voluntad, no forzado, porque lo amé más que a todas las otras cosas creadas,
y quería que fuera como rey en medio de mis obras. Pero el hombre ingrato quiso salir de su
principio, por eso se transformó y perdió su frescura, su belleza, y quedó sujeto a alteraciones y
cambios continuos. Y por cuanto Yo lo llamo para que regrese a su principio, se hace el sordo
y finge no escucharme, pero es tanto mi amor que lo espero y continúo llamándolo”.
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