necesario a su Humanidad. Se sintió honrado el sol al tener que dar su luz y calor a su Creador,
reconocía a Aquél que lo había creado, a su verdadero Señor y le hacía fiesta y honor con darle
su luz; se sintió honrada la tierra cuando me sintió que estaba acostado en un pesebre, se sintió
tocada por mis tiernos miembros y exultó de alegría con signos prodigiosos; todas las cosas
creadas veían a su verdadero Rey y Señor en medio de ellas, y sintiéndose honradas, cada una
quería darme su oficio: El agua quería quitarme la sed, los pájaros con sus trinos y gorjeos
querían recrearme, el viento quería acariciarme, el aire quería besarme, todos querían darme
su inocente tributo. Sólo el hombre ingrato, a pesar que todos sintieron en ellos una cosa insólita,
una alegría, una fuerza potente, fueron reacios, y sofocando todo no se movieron, y a pesar de
que los llamaba con lágrimas, con gemidos y sollozos, no se movieron, a excepción de pocos
pastores. No obstante era por el hombre que venía a la tierra, venía para darme a él, para
salvarlo y para llevarlo conmigo a la patria celestial. Por esto Yo era todo ojos para ver si venía
ante Mí para recibir el gran don de mi Vida Divina y humana, así que la Encarnación no fue otra
cosa que darme en poder de la criatura. En la Encarnación me di en poder de mi amada Mamá;
en mi nacimiento se agregó San José, al cual hice don de mi Vida, y como mis obras son eternas
y no están sujetas a terminar, esta Divinidad, este Verbo que descendió del Cielo, no se retiró
más de la tierra, para tener ocasión de darme continuamente siempre a todas las criaturas.
Mientras viví me di develadamente y después, pocas horas antes de morir realicé el gran
prodigio de dejarme Sacramentado, para que quien quisiera pudiera recibir el gran don de mi
Vida; no puse atención ni a las ofensas que me habrían hecho, ni a los rechazos de no quererme
recibir, dije entre Mí: ‘Me he dado, no quiero retirarme más, aunque me hagan lo que quieran,
pero seré siempre de ellos y estaré siempre a su disposición”. Hija, esta es la naturaleza del
verdadero Amor, este es el obrar como Dios: La firmeza y el no retirarse a costa de cualquier
sacrificio. Esta firmeza en mis obras es mi victoria y mi más grande gloria, y es esta la señal si
la criatura obra para Dios: La firmeza. El alma no mira a nadie, ni a las penas, ni a sí misma, ni
a su estima, ni a las criaturas, y a pesar de que le cueste la propia vida ella mira sólo a Dios,
hacia el Cual ha decidido obrar por amor suyo, y se siente victoriosa de poner el sacrificio de su
vida por amor a Dios. El no ser firme es de la naturaleza humana y del obrar humanamente, el
no ser firme es el obrar de las pasiones y con pasión, la mutabilidad es debilidad, es vileza, y no
es de la naturaleza del verdadero amor, por eso la firmeza debe ser la guía del obrar por Mí.
Por eso en mis obras no me cambio jamás, sean cual sean los eventos, hecha una vez es hecha
para siempre”.
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17-27
Enero 4, 1925
Todo el Cielo va al encuentro del alma que se funde en
la Voluntad de Dios, y todos quieren depositar en ella
sus bienes. Cómo se forma el noble martirio del alma.
(1) Habiendo transcurrido todo el día, estaba pensando entre mí: “¿Qué más me queda por
hacer?” Y en mi interior he oído decirme:
(2) “Tienes que hacer la cosa más importante, tu último acto de fundirte en la Voluntad Divina”.
(3) Entonces me he puesto, según mi costumbre, a fundir todo mi pobre ser en la Voluntad
Suprema, y mientras esto hacía me parecía que se abriesen los Cielos y yo iba al encuentro de
toda la corte celeste y todo el Cielo venía a mi encuentro, y mi dulce Jesús me ha dicho:
(4) “Hija mía, el fundirte en mi Voluntad es el acto más solemne, más grande, más importante
de toda tu vida. Fundirte en mi Voluntad es entrar en el ámbito de la eternidad, abrazarla, besarla
y recibir el depósito de los bienes que contiene la Voluntad Eterna; es más, en cuanto el alma