manifiestan con dolor la falta del aire, en cambio del aire de mi Voluntad no tienen ni un
pensamiento ni un dolor, y a pesar de que están obligados a estar como embebidos en el aire
de mi Voluntad, las criaturas no amando este aire balsámico y santificante, no puede poner en
el alma los bienes que contiene, y está obligada a estar en ella sacrificada, sin poder desarrollar
la vida que mi Voluntad contiene. Por eso hija mía, te recomiendo, si quieres que mi Voluntad
cumpla en ti sus designios, que respires siempre el aire de mi Voluntad, a fin de que a medida
que lo respires florezca en ti la Vida Divina y te conduzca a la verdadera finalidad para la cual
fuiste creada”.
+ + +
17-23
Noviembre 27, 1924
La inmutabilidad de Dios, y la mutabilidad de las criaturas.
(1) Estaba pensando en la inmutabilidad de Dios y en la mutabilidad de las criaturas. ¡Qué
diferencia! Ahora, mientras esto pensaba, mi siempre benigno Jesús se ha movido en mi interior
diciéndome:
(2) “Hija mía, mira, no hay punto donde mi Ser no se encuentre, no tengo hacia donde
moverme, ni a la derecha, ni a la izquierda, ni adelante, ni atrás; ningún vacío existe que no esté
lleno por Mí. Mi firmeza, no encontrando punto donde no esté Yo, se siente inquebrantable; es
mi Inmutabilidad eterna. Esta Inmutabilidad inmensa me hace inmutable en los placeres, lo que
me gusta, me gusta siempre; inmutable en el amor, en el gozar, en el querer, amada una vez
una cosa, gozada, querida, no hay peligro de que me cambie, para cambiarme debería restringir
mi inmensidad, lo que no puedo ni quiero. Mi inmutabilidad es la aureola más bella que corona
mi cabeza, que se extiende bajo mis pies, que rinde eterno homenaje a mi Santidad inmutable.
Dime, ¿hay acaso algún punto donde tú no me encuentres?”
(3) Mientras esto decía, ante mi mente se hacía presente esta inmutabilidad Divina, ¿pero
quién puede decir lo que comprendía? Temo decir desatinos y por eso mejor paso adelante. Al
hablarme después acerca de la mutabilidad de la criatura me decía:
(4) “¡Pobre criatura, cómo es pequeño su lugarcito! Y además de pequeño no es ni siquiera
estable y fijo su lugar, hoy en un punto, mañana arrojada a otro; esta es también la causa de
que hoy ama, le agrada una persona, un objeto, un lugar, y mañana cambia y quizá hasta
desprecia lo que ayer le agradaba y amaba. ¿Pero sabes tú qué es lo que hace mutable a la
pobre criatura? La voluntad humana la vuelve voluble en el amar, en los placeres, en el bien
que hace. La voluntad humana es aquel viento impetuoso que mueve a la criatura como una
caña vacía a cada soplo, ora a la derecha, ora a la izquierda. Por eso al crearla quise que
viviese de mi Voluntad, a fin de que deteniendo este viento impetuoso de la voluntad humana,
la hiciera firme en el bien, estable en el amor, santa en el obrar; quería hacerla vivir en el inmenso
territorio de mi Inmutabilidad, pero la criatura no se contentó, quiso su pequeño lugarcito y se
volvió el juguete de sí misma, de los demás y de sus mismas pasiones. Por eso ruego, suplico
a la criatura que tome esta mi Voluntad, que la haga suya a fin de que retorne a aquella Voluntad
inmutable de donde salió, a fin de que no más voluble se vuelva, sino estable y firme. Yo no me
he cambiado, por eso la espero, la anhelo, la quiero siempre en mi Voluntad”.
+ + +
1049 sig