17-24
Diciembre 1, 1924
La Divina Voluntad rechazada por las criaturas
siente la muerte del bien que quiere hacer.
(1) Me sentía sumamente amargada, y mientras rezaba, lloraba mi dura suerte de estar
privada de Aquél que forma toda mi vida. Mi estado es irremediable, nadie se mueve a piedad
de mí, todo es justicia, y además, ¿quién se querrá mover a piedad de mí, si Aquél que es la
fuente de la piedad me la niega? Ahora, mientras lloraba y rezaba me sentí tomar las manos
entre las manos de Jesús, y elevándome a lo alto ha dicho:
(2) “Vengan todos a ver un espectáculo tan grande y jamás visto ni en el Cielo ni en la tierra:
Un alma muriendo continuamente por puro amor mío”.
(3) Al hablar de Jesús se han abierto los Cielos y toda la jerarquía celeste me miraba, también
yo me miraba y veía mi pobre alma marchita y muriendo como una flor que está por marchitarse
sobre su tallo, pero mientras moría, una secreta virtud me daba vida; ¡ah! tal vez es la justicia
punitiva de Dios que justamente me castiga. ¡Dios mío, Jesús mío, ten piedad de mí, piedad de
una pobre moribunda! Es la suerte más dura la que me toca entre todos los mortales: ¡Morir
sin poder morir! Después, mi dulce Jesús casi por toda la noche me ha tenido entre sus brazos
para darme la fuerza y asistirme en mi agonía. Yo creía que finalmente tenía compasión de mí
y me llevaba con Él, pero en vano. Después de que me reanimó un poco, me dejó diciéndome:
(4) “Hija mía, mi Voluntad está recibiendo continuas muertes por parte de las criaturas, Ella
es vida, y como vida quiere dar la vida de la luz, pero la criatura rechaza esta luz, y en efecto,
no recibiéndola, esta luz muere para la criatura y mi Voluntad siente la pena de la muerte que la
criatura ha dado a esta luz. Mi Voluntad quiere hacer conocer los méritos, las virtudes que
contiene y la criatura rechaza este conocimiento con los méritos y las virtudes que contiene, y
mi Voluntad para la criatura muere a este conocimiento y a los méritos y a las virtudes que
contiene mi Querer, y mi Voluntad siente la pena de la muerte que la criatura ha dado a las
virtudes y méritos de mi Querer; y así si quiere dar amor y no es recibido, siente la muerte dada
al amor; si quiere dar la santidad, la gracia, siente darse por la criatura la muerte a la santidad y
a la gracia que quiere dar, así que es continua la muerte que siente al bien que quiere dar. Y
además, ¿no sientes tú en ti la muerte continua que sufre mi Voluntad? Viviendo tú en Ella estás
obligada, como connaturalmente, a tomar parte en estas muertes que sufre mi Voluntad, y a vivir
en un estado de continua agonía”.
(5) Yo al oír esto he dicho: “Jesús, amor mío, no me parece que sea así, es tu privación la
que me mata, que me quita la vida sin hacerme morir”.
(6) Y Jesús: “Mi privación por una parte, mi Voluntad por la otra, que teniéndote absorbida en
Ella te hace partícipe de sus penas. Hija mía, en el verdadero vivir en mi Querer no hay pena
que mi Voluntad reciba de las criaturas, que no haga partícipe al alma que vive en Ella”.
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