la Divinidad quería dar a las criaturas, para darle el amor de todas y constituirme amor de cada
uno de los actos de criatura. Así que cada pensamiento tuyo está coronado por mis incesantes
actos de amor; no hay cosa en ti o fuera de ti que no esté circundada por mis repetidos actos de
amor, por eso mi Humanidad en este huerto gime, se afana, agoniza, se siente triturada bajo el
peso de tanto amor, porque amo y no soy correspondido. Las penas del amor son las más
amargas, las más crueles, son penas sin piedad, más dolorosas que mi misma Pasión. ¡Oh! si
me amaran, el peso de tanto amor se volvería ligero, porque el amor correspondido queda
apagado y satisfecho en el amor mismo de quien ama, pero no correspondido llega a la locura,
delira y se siente correspondido con un acto de muerte por aquel amor que de él salió. Mira
entonces cómo fue mucho más amarga y dolorosa la Pasión de mi amor, porque si en mi Pasión
fue una sola la muerte que me dieron, en cambio en la Pasión del amor, tantas muertes me
hicieron sufrir por cuantos actos de amor salieron de Mí y no fui por ellos correspondido. Por
eso ven tú, hija mía, a corresponderme a tanto amor, en mi Voluntad encontrarás como en acto
todo este amor, hazlo tuyo y constitúyete, junto Conmigo, amor de cada acto de criatura, para
corresponderme por el amor de todos”.
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17-22
Noviembre 23, 1924
Dios al crear al hombre, para conservarle la vida formó en torno
a él el aire del cuerpo y el aire del alma: El aire natural para el
cuerpo, el aire de mi Voluntad para el alma.
(1) Continúo mi estado de privación de Jesús y de amarguras intensas para mi pobre alma, y
si de escapada se hace ver en mi interior, es todo taciturno y pensativo, pero a pesar de su
silencio yo quedo contenta, pensando que no me ha dejado y que su morada en mí aún continúa.
Y mientras mi pobre alma está por sucumbir, su visita me da un sorbo de vida, que como lluvia
benéfica me hace reverdecer, pero, ¿para hacer qué? Para volver de nuevo a sucumbir y
sentirme morir; así que estoy siempre entre la vida y la muerte. Entonces, mientras nadaba en
el mar inmenso del dolor de haberlo perdido, mi dulce Jesús se ha movido en mi interior, y
haciéndose ver en acto de rezar, yo me he unido con Él en la oración y luego me ha dicho:
(2) “Hija mía, Yo, al crear al hombre, para conservarle la vida formé en torno a él el aire del
cuerpo y el aire del alma: ‘El aire natural para el cuerpo, el aire de mi Voluntad para el alma’.
¿Crees tú que el aire natural, sólo porque es aire tiene virtud de dar la respiración al hombre, la
fuerza, el alimento, la frescura, la vida vegetativa a toda la naturaleza? Así que a pesar de que
no se ve tiene todo en un puño y se constituye vida de todo ser creado, y por eso todos sienten
la necesidad del aire, y él por todas partes hace su curso, de noche, de día, penetra en el latido
del corazón, en la circulación de la sangre y por todas partes; ¿pero sabes por qué contiene
tanta virtud? Porque en el aire está toda la sustancia de los bienes que produce, y fueron
puestos por Dios en el aire la fuerza alimentadora, respiratoria, vegetativa, y él contiene como
tantas semillas de todo el bien que encierra. Ahora, si se necesitaba un aire para la conservación
de toda la naturaleza, se necesitaba también un aire para la conservación del alma, y mi bondad
no quiso confiar ni formar otro aire para el alma, sino que mi misma Voluntad se quiso constituir
aire para el alma, y así toda aquella sustancia de los bienes que Ella contiene, pudiera, como
aire que invisiblemente todo lo invade, penetrar en el fondo del alma y llevarle el alimento divino,
la vegetación y todos los bienes, la virtud que respira todo lo que es Cielo, la fortaleza invencible,
la fecundidad de todas las virtudes. Debería haber una competencia, el cuerpo en respirar el
aire natural, y el alma en respirar el aire de mi Voluntad, sin embargo, ¡es de llorar! Si los
hombres sienten que les falta el aire natural, se lo procuran, si caminan en altas montañas
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