derrame con todo su furor sobre la faz de la tierra, porque también mi justicia siente el encanto
de mi Voluntad que obra en la criatura. ¿Te parece poco que el Creador vea en las criaturas,
viviendo aún sobre la tierra, su Voluntad obrante, triunfante, dominante, con esa misma libertad
con la cual obra y domina en el Cielo? Este encanto no está en el Cielo, porque mi Voluntad en
mi Reino domina como en su casa, y el encanto viene formado en Mí mismo, no fuera de Mí,
así que soy Yo, es mi Voluntad la que encanta con una fuerza raptora a todos los
bienaventurados, de manera que sus pupilas están encerradas en mi encanto para gozar
eternamente, así que no ellos me forman el dulce encanto, sino Yo a ellos, así que mis pupilas
están libres, no sufren ninguna fascinación. En cambio mi Voluntad viviendo en la criatura que
navega en el exilio, es obrante y dominante en casa de la criatura, y por esto me forma el
encanto, me fascina y hace sentir a mi mirada un atractivo tal, que me rapta a fijar mis pupilas
en ella, sin poder separarlas. ¡Ah! tú no sabes cuán necesario es este encanto en estos
tiempos.- ¡Cuántos males vendrán! Los pueblos se verán obligados a devorarse uno al otro,
serán tomados de tal rabia, de ensañarse el uno contra el otro, pero la culpa mayor es de los
jefes y gobernantes. ¡Pobres pueblos! Tienen por jefes a verdaderos carniceros, diablos
encarnados que quieren hacer carnicería de sus hermanos. Si los males no debieran ser graves,
tu Jesús no te dejaba como privada de Él; tú temes que sea por otra cosa por lo que te privo de
Mí, no, no, está segura, es mi justicia que privándote de Mí quiere descargarse sobre las
criaturas; tú no salgas jamás de mi Voluntad, a fin de que su dulce encanto pueda evitar a los
pueblos males mayores”.
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17-21
Octubre 30, 1924
Los ángeles son ángeles porque se han conservado en el acto
primero en el cual fueron creados, y del conocer el más o el
menos de la Suprema Voluntad, vienen constituidos los diversos
coros de los ángeles. Las penas del amor son las más
amargas, las más crueles, más dolorosas que las
penas de la misma Pasión.
(1) Siento que no puedo confiar a la pluma mis dolorosos secretos, ni expresar en el papel lo
que siento en mi martirizado corazón. ¡Ah! sí, no hay martirio que pueda compararse al martirio
de la privación de mi dulce Jesús. El mártir es herido y muerto en el cuerpo, en cambio el martirio
de su privación hiere el alma, la lacera en sus más íntimas fibras, y lo que es peor, la mata sin
hacerla morir para golpearla continuamente sobre el yunque de hierro del dolor y del amor. Y
mientras paso adelante de las penas que siento en mi interior, pues son cosas que no puedo
decir, quisiera, como una de las más pobres mendigantes, pedir de limosna a todos, a los
ángeles, a los santos, a mi Reina Mamá, a la Creación toda, una palabra, una pequeña oración
por mí ante Jesús, a fin de que rogado por todos se pueda mover a compasión de la pequeña
hija de su Querer y hacerla volver del duro exilio en el cual me encuentro.
(2) Entonces estaba pensando entre mí acerca de lo que había pasado en mi mente, es decir,
que en vez de Jesús me parecía como si tuviera a mi ángel junto, y decía entre mí: “¿Y por qué
el ángel y no Jesús?” En ese momento me he sentido mover en mi interior a Jesús y me dijo:
(3) “Hija mía, ¿quieres tú saber por qué son ángeles, por qué se han conservado bellos y
puros como salieron de mis manos? Porque se han mantenido siempre firmes en el acto primero
en el cual fueron creados, por lo tanto, estando en aquel acto primero de su existencia, están en
el acto único de mi Voluntad, que no conociendo sucesión de actos no se cambia, ni crece ni
decrece, y contiene en sí todos los bienes posibles e imaginables; y los ángeles, conservándose