17-18
Octubre 11, 1924
Amor de Dios al crear a la criatura. Cada sentido
es una comunicación entre el alma y Dios.
(1) Me sentía muy oprimida por la privación de mi dulce Jesús. ¡Oh! cuántos temores se
suscitaban en mi alma, pero el que más me desgarraba era que mi Jesús no me amara como
antes. Después, mientras estaba en esto me he sentido tomar por los hombros, y oyendo la voz
de Jesús en mi oído me decía:
(2) “Hija mía, ¿por qué temes que no te ame? ¡Ah! si sólo conocieras mi amor en general por
todas las criaturas, quedarías sorprendida. ¿Con cuánto amor no creé a la criatura? ¿Con
cuántos sentidos no la doté? Cada sentido era una comunicación que dejé entre Yo y ella, el
pensamiento era comunicación entre mi inteligencia y la suya, el ojo era comunicación entre mi
luz y la suya, la palabra era medio de comunicación entre mi Fiat y el suyo, el corazón entre mi
amor y el suyo, en suma, todo, el respiro, el movimiento, el paso, todo, todo era comunicación
entre Yo y la criatura. Yo hacía más que un padre que debiendo hacer salir de viaje a un hijo,
no sólo le prepara el alojamiento, los vestidos, el alimento y todo lo que puede hacer feliz a su
hijo, sino que da virtud al hijo y le dice: ‘Nos separaremos, es verdad, pero desde lejos tú sentirás
mi vida y yo la tuya, tú sentirás mi pensamiento y yo el tuyo, tú mi respiro, mi latido, y yo los
tuyos, así que estaremos lejos y cerca, separados e inseparables, tú sentirás mi vida y yo la
tuya’. Pero esto que no lo puede hacer un padre terreno por su hijo, porque le es imposible, lo
hice Yo, Padre Celestial, que mientras hacía salir a la luz a este mi hijo, después de haberle
preparado Yo mismo la habitación de este mundo, ponía entre él y Yo tal unión, que Yo debía
sentir su vida en Mí, y la criatura la mía, y este es mi amor en general y por todos; ¿qué decirte
además de mi amor especial que he tenido por ti? Cada sufrimiento que te he enviado ha sido
una comunicación de más entre tú y Yo, y por lo tanto un adorno de más con el cual embellecía
tu alma; cada verdad que te manifestaba era una partícula de mis cualidades, con las cuales
embellecía y llenaba tu alma; cada gracia y cada venida mía a ti eran dones que hacía llover
sobre ti; no he hecho otra cosa que multiplicar mis comunicaciones casi a cada instante para
plasmar en ti las diversas bellezas mías, mi semejanza, a fin de que tú vivas Conmigo en el
Cielo y Yo viva contigo en la tierra, ¿y después de todo esto dudas de mi amor? Más bien te
digo: Piensa en amarme y Yo pensaré siempre más en amarte”.
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17-19
Octubre 17, 1924
Con cuánto amor Dios crea las almas, como
las hace crecer, como las cuida y se da todo a ellas.
(1) Estaba pensando con cuanto amor nos ama Jesús, mi mente se perdía en el amor eterno,
y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me hacía ver en mi mente una aureola de luz; dentro
de aquella aureola había un Sol, y este Sol contenía tantos rayos por cuantas criaturas existían,
cada una de las cuales tenía un rayo todo para sí, que le daba vida, luz, calor, fuerza,
crecimiento, todo lo que era necesario para formar una vida. Era deleitable ver como cada
criatura estaba unida a cada rayo de este Sol, del cual había salido, como un sarmiento a la vid.
Y mi amable Jesús, mientras mi mente se perdía en esto, me ha dicho:
(2) “Hija mía, mira con cuánto amor amo a la criatura, ella, antes de salir a la luz del día de
este mundo ya estaba en mi seno, y al hacerla salir fuera no la dejé, un rayo de luz que contiene
mi Vida la sigue para suministrarle todo lo que es necesario para desarrollar esta Vida y, ¡con