(5) Y Jesús: “Hija mía, el vivir en mi Querer lleva consigo la pérdida de cualquier derecho de
voluntad propia, todos los derechos son por parte de la Voluntad Divina, y si el alma no pierde
los propios derechos, no se puede decir verdadero vivir en mi Querer, a lo más se puede decir
vivir resignada, uniformada, porque el vivir en mi Querer no es la sola acción que haga según
mi Voluntad, sino es que todo el interior de la criatura no dé lugar ni a un afecto, ni a un
pensamiento, ni a un deseo, ni siquiera a un respiro en el cual mi Querer no tenga su lugar, ni
mi Querer toleraría aun un afecto humano del cual Él no fuera la vida; tendría asco de hacer vivir
al alma en mi Voluntad con sus afectos, pensamientos, etc., que pudiera tener una voluntad
humana. ¿Y crees tú que sea fácil que un alma voluntariamente pierda sus propios derechos?
¡Oh, cómo es difícil! Mas bien hay almas que cuando llegan al punto de perder todos los
derechos sobre su voluntad, se echan para atrás, y se contentan con llevar una vida mediana,
porque el perder los propios derechos es el más grande sacrificio que puede hacer la criatura, y
que dispone a mi bondad a abrirle las puertas de mi Querer, y haciéndola vivir en Ella,
recompensarla con mis derechos divinos. Por eso sé atenta y no salgas jamás de los confines
de mi Voluntad”.
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17-16
Octubre 2, 1924
Efectos de la adoración hecha en la Divina Voluntad.
(1) Me sentía toda amargada por la privación de mi dulce Jesús. ¡Oh! cómo mi exilio se hace
más duro y amargo sin Aquél que forma toda mi vida, y le pedía que tuviera compasión de mí,
que no me dejara a merced de mí misma. Mientras esto decía, mi amado Jesús se hacía ver
que me estrechaba fuerte el corazón con sus manos, y después, con una cuerdecilla de luz me
ataba toda, pero tan estrecha de impedirme el más pequeño movimiento. Después se ha
extendido en mí, y sufríamos juntos. Mientras estaba en esto me sentí transportar fuera de mí
misma hacia la bóveda del cielo, y me parecía encontrar al Padre Celestial y al Espíritu Santo,
y Jesús que estaba conmigo, se ha puesto en medio de Ellos y me ha puesto en el seno del
Padre, el cual me parecía que me esperaba con tanto amor, que me ha estrechado a su seno y
fundiéndome con su Voluntad me comunicaba su potencia; así han hecho las otras dos Divinas
Personas. Pero mientras se comunicaban uno a uno, haciéndose después todo Uno, me sentía
infundir toda junta la Voluntad de la potencia del Padre, la Voluntad de la sabiduría del Hijo, y la
Voluntad del amor del Espíritu Santo. ¿Quién puede decir lo que sentía infundir en mi alma?
Entonces mi amable Jesús me ha dicho:
(2) “Hija de nuestro eterno Querer, póstrate ante nuestra Majestad Suprema y ofrece tus
adoraciones, tus homenajes, tus alabanzas, a nombre de todos con la potencia de nuestra
Voluntad, con la sabiduría y con la Voluntad de nuestro amor supremo; sentiremos en ti la
potencia de nuestra Voluntad que nos adora, la sabiduría de nuestra Voluntad que nos glorifica,
el amor de nuestra Voluntad que nos ama y nos alaba. Y como la potencia, la sabiduría y el
amor de las Tres Divinas Personas están en comunicación con la inteligencia, memoria y
voluntad de todas las criaturas, sentiremos correr tus adoraciones, homenajes y alabanzas en
todas las inteligencias de las criaturas, que elevándose entre el Cielo y la tierra oiremos el eco
de nuestra misma potencia, sabiduría y amor que nos adoran, que nos alaban y nos aman.
Adoraciones más grandes, homenajes más nobles, amor y alabanzas más divinas no puedes
darnos; ningún otro acto puede igualar a estos actos, ni darnos tanta gloria y tanto amor, porque
vemos aletear en el acto de la criatura la potencia, la sabiduría y el recíproco amor de las Tres