(3) Después, mi dulce Jesús iba tomando todos los libros escritos sobre su Divino Querer, los
ponía juntos, se los estrechaba al corazón, y con una ternura indecible ha agregado:
(4) “Bendigo de corazón estos escritos, bendigo cada palabra, bendigo los efectos y el valor
que ellos contienen; estos escritos son una parte de Mí mismo”.
(5) Después ha llamado a los ángeles, los cuales se han puesto rostro en tierra a rezar, y
como estaban presentes dos padres que debían ver los escritos, Jesús ha dicho a los ángeles
que tocaran sus frentes para imprimir en ellos el Espíritu Santo, y así infundirles la luz para
poderlos hacer comprender las verdades y el bien que hay en estos escritos. Los ángeles lo
han cumplido y Jesús, bendiciéndonos a todos ha desaparecido.
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17-14
Septiembre 18, 1924
Diferencia que hay entre el vivir en la Voluntad de Dios y el hacer la
Voluntad de Dios. Para entender qué cosa quiere decir vivir en la Divina
Voluntad se debe disponer al más grande de los sacrificios, que es
el de no dar vida, aun en las cosas santas, a la propia voluntad.
(1) Estaba pensativa acerca de lo que está escrito sobre el vivir en el Divino Querer, y pedía
a Jesús que me diera más luz para explicarme mejor, y así poder aclarar más a quien estoy
obligada a hacerlo este bendito vivir en la Divina Voluntad, y mi dulce Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, no se quiere entender. El vivir en mi Voluntad es reinar, el hacer mi Voluntad
es estar a mis órdenes; lo primero es poseer, lo segundo es recibir mis órdenes y cumplirlas. El
vivir en mi Querer es hacer suya mi Voluntad como cosa propia, es disponer de Ella; el hacer mi
Voluntad es tenerla en cuenta como Voluntad de Dios, no como cosa propia, ni poder disponer
de Ella como se quiere. El vivir en mi Voluntad es vivir con una sola Voluntad, la cual es la de
Dios, la cual, siendo una Voluntad toda Santa, toda pura, toda paz, y siendo una sola Voluntad
la que reina, no hay contrastes, todo es paz; las pasiones humanas tiemblan ante esta Suprema
Voluntad y quisieran rehuirla, no se atreven a moverse ni a oponerse, viendo que ante esta
Santa Voluntad tiemblan Cielos y tierra. Así que el primer paso del vivir en el Querer Divino,
¿qué hace? Poner el orden divino en el fondo del alma, vaciarla de lo que es humano, de
tendencias, de pasiones, de inclinaciones y de otras cosas. En cambio el hacer mi Voluntad es
vivir con dos voluntades, y cuando doy las órdenes de seguir la mía, la criatura siente el peso
de su voluntad que le pone contrastes, y a pesar de que siga las órdenes de mi Voluntad con
fidelidad, siente el peso de la naturaleza rebelde, sus pasiones e inclinaciones. Y cuántos
santos, a pesar que han llegado a la perfección más alta, sienten esta su voluntad que les hace
guerra, que los tiene oprimidos, y muchos están obligados a gritar: ‘¿Quién me librará de este
cuerpo de muerte? Esto es, de esta mi voluntad que quiere dar muerte al bien que quiero hacer?’
El vivir en mi Voluntad es vivir como hijo, el hacer mi Voluntad es vivir como siervo. En el
primero, lo que es del padre es del hijo y muchas veces hacen más sacrificios los siervos que
los hijos, a ellos les toca exponerse a los servicios más fatigosos, más humildes, al frío, al calor,
a viajar a pie; en efecto, ¿cuánto no han hecho mis santos para seguir las órdenes de mi
Voluntad? En cambio el hijo está con su padre, tiene cuidado de él, lo alegra con sus besos y
con sus caricias, manda a los siervos como si lo hiciera su padre; si sale, no va a pie, sino que
viaja en carroza; y si el hijo posee todo lo que es del padre, a los siervos no se da otra cosa que
la paga por el trabajo que han hecho, y quedan libres de servir o no servir a su patrón, y si no lo
sirven no tienen más derecho de recibir ninguna otra compensación. En cambio entre padre e
hijo nadie puede quitar estos derechos: ‘Que el hijo posee los bienes del padre.’ Ninguna ley,
ni celeste ni terrestre puede quitar estos derechos, ni desvincular la filiación entre padre e hijo.
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