(8) Y Jesús de nuevo: “Hija mía, cálmate, como inmediatamente te has puesto de nuevo en
mi Querer, todas las cosas se han calmado y se han puesto en actitud de nueva fiesta. Tu ‘sí’
continúa sus veloces giros en la inmensidad de mi Voluntad. ¡Ah! hija, ni tú ni los que te dirigen
han conocido qué significa vivir en mi Querer, por eso no lo aprecian y se tiene como cosa de
ninguna importancia, –y esto es un dolor mío– mientras que es la cosa que más me interesa y
que debería más que cualquier cosa interesar a todos; pero, ¡ay de Mí! se pone atención a otras
cosas, a cosas que para Mí son menos agradables o indiferentes, en lugar de lo que más me
glorifica y que da a ellos, aun sobre esta tierra, bienes inmensos y eternos, y los hace
propietarios de los bienes que mi Voluntad posee. Mira, mi Voluntad es una y abraza toda la
eternidad; ahora, el alma viviendo en mi Voluntad y haciéndola suya, viene a tomar parte en
todos los gozos y en los bienes que mi Voluntad contiene y se vuelve como propietaria de ellos,
y si bien estando en la tierra ella no siente todos esos gozos y bienes, teniendo el depósito de
todos en su voluntad en virtud de la mía hecha en la tierra, muriendo y encontrándose arriba en
los Cielos, sentirá todos aquellos gozos y bienes que mi Voluntad ha puesto fuera en el Cielo
mientras ella vivía sobre la tierra. Nada le será quitado, más bien le será multiplicado, porque si
los santos han gozado de mi Voluntad porque viven en Ella, pero es siempre gozando como
viven, en cambio el alma que vive en mi Voluntad en la tierra vive sufriendo, ¿no es justo que
ella tome aquellos gozos y aquellos bienes que los demás han tomado en el Cielo mientras ella
vivía en la tierra en aquella misma Voluntad en que vivían ellos? Así que, ¿cuántas riquezas
inmensas no toma quien vive en mi Voluntad? Puedo decir que toda la eternidad se pondrá en
torno a ella para enriquecerla, para hacerla feliz, nada le priva de lo que Ella contiene, es su hija
y la ama tanto que de nada quiere privarla. Por eso sé atenta hija mía, no quieras oponerte a
mis designios que he hechos sobre ti”.
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17-13
Septiembre 17, 1924
El obrar en la Divina Voluntad significa que el Sol de la Divina
Voluntad, transformando en sol a la voluntad humana, obra en
ella como en su propio centro. Jesús bendice estos escritos.
(1) Estaba pensando en el Santo Querer Divino, y hacía cuanto más podía para fundirme en
Él, para poder abrazar a todos y llevar a mi Dios los actos de todos como un acto solo, actos
que son todos debidos a nuestro Creador. Mientras esto hacía veía abrirse el Cielo y salir de él
un Sol, que hiriéndome con sus rayos me penetraba hasta el fondo de mi alma, la cual, herida
por esos rayos se convertía en un sol, que expandiendo rayos hería a aquel Sol del cual había
quedado herida. Y como yo continuaba haciendo mis actos por todos en el Divino Querer, estos
actos eran fundidos en esos rayos y convertidos en actos divinos, que difundiéndose en todos y
sobre todos formaban una red de luz, tal, de poner orden entre el Creador y la criatura. Yo he
quedado encantada al ver esto, y mi amable Jesús saliendo de dentro de mi interior, en medio
de este Sol me ha dicho:
(2) “Hija mía, mira cómo es bello el Sol de mi Voluntad, qué Potencia, qué maravilla, no apenas
el alma se quiere fundir en Ella para abrazar a todos, mi Querer transformándose en Sol hiere
al alma y forma otro Sol en ella, y ella conforme forma sus actos forma sus rayos para herir al
Sol de la Suprema Voluntad, y envolviendo a todos en esta luz, por todos ama, glorifica, satisface
a su Creador, y lo que es más, no con amor, gloria y satisfacción humanas, sino con amor y
gloria de Voluntad Divina, porque el Sol de mi Voluntad ha obrado en ella. Mira qué significa
hacer los actos en mi Voluntad, esto es el vivir en mi Querer: Que el Sol de mi Voluntad,
transformando en Sol a la voluntad humana, obre en ella como en su propio centro”.