17-12
Septiembre 11, 1924
Terribles efectos de las oposiciones del alma a la Voluntad de Dios.
En el Cielo toda la eternidad se pondrá en torno al alma que ha
vivido en la Divina Voluntad, para enriquecerla, felicitarla y no
la priva de nada de lo que ella contiene.
(1) Me sentía muy turbada y pedía a Jesús que tuviera compasión de mí, que tomara Él todo
el cuidado de mi pobre alma, y le decía:
(2) “Ah, aléjame a todos, para que me quedes Tú solo, Tú solo me bastas. Después de tanto
tiempo habrías debido contentarme, mucho más que no te pido más que a Ti sólo”.
(3) Ahora, mientras esto y otras cosas decía, mi Jesús me ha tomado un brazo, como si
quisiera Él liberarme y hacerme así el oficio de mi confesor. ¡Oh! cómo me sentía feliz al ver
hacer esto a Jesús y pensaba entre mí: “Finalmente ha terminado el más duro de mis
sacrificios”. Pero felicidad vana y pasajera, mientras Jesús me ha tomado el brazo, al mismo
tiempo ha desaparecido y yo he sido dejada en mi habitual estado, sin poder reaccionar. Cómo
he llorado y pedía que tuviera compasión de mí. Después de algunas horas mi amable Jesús
ha regresado, y viéndome llorar y toda amargada me ha dicho:
(4) “Hija mía, no llores, ¿no quieres confiarte de tu Jesús? Déjame hacer, déjame hacer, no
tomes las cosas a la ligera; es mas, ¡oh! cuántas cosas tristes están por suceder, mi justicia no
puede contener los flagelos para castigar a las criaturas; todos están por lanzarse unos contra
otros, y cuando oigas los males de tus hermanos sentirás remordimiento por tus oposiciones a
tu habitual sacrificio, como si también tú hubieras tomado parte en empujar a la justicia a castigar
a las criaturas”.
(5) Y yo al oír esto le he dicho: “Jesús mío, jamás sea, no quiero sustraerme de tu Voluntad,
más bien te ruego que me libres de la más fea de las desventuras, que yo no haga tu Santísima
Voluntad; no te pido que me libres del sufrir, mas bien me lo aumentes, sólo te ruego, como
gracia que quiero de Ti, siempre si Tú lo quieres, que me liberes del fastidio que doy al confesor,
esto me es demasiado duro y siento que no tengo la fuerza para soportarlo, por lo tanto, si a Ti
te place libérame, o bien dame más fuerza, pero no permitas que no se cumpla tu Santísima
Voluntad en mí”.
(6) Y Jesús continuando con su hablar me ha dicho: “Hija mía, recuérdate que te pedí un ‘sí’
en mi Voluntad, y tú lo pronunciaste con todo amor; aquel ‘sí’ existe aún y tiene el primer puesto
en mi Voluntad interminable. Todo lo que tú haces, piensas y dices, está ligado a aquel ‘sí’, al
cual nada se le escapa, y mi Voluntad goza y hace fiesta al ver a una voluntad de criatura vivir
en mi Voluntad, y la voy llenando de gracias nuevas, y constituyo todos tus actos en actos
divinos; este es el más grande portento que existe entre el Cielo y la tierra, es el objeto para Mí
más querido, que, jamás sea, me sea arrancado, me sentiría arrancar a Mí mismo y lloraría
amargamente por ello. Mira, conforme tú hacías esa pequeña oposición, aquel ‘sí’ tuyo ha
temblado de espanto; ante ese estremecimiento los fundamentos de los cielos se han sacudido
temblorosos; todos los santos y ángeles, y todo el ámbito de la eternidad han visto esto con
horror y con dolor, sintiéndose arrancar un acto de la Voluntad Divina, porque mi Voluntad
envolviendo todo y a todos les hacía sentir tus actos hechos una sola cosa con ellos, y por lo
tanto todos sentían el doloroso desgarro, podría decirte que todos se ponían en actitud de
profundo dolor”.
(7) Y yo, espantada por el hablar de Jesús he dicho: “Amor mío, ¿qué dices? ¿Es posible
todo este mal? Tu hablar me hace morir de pena, ¡ah! perdóname, ten misericordia de mí que
soy tan mala, y confirma mi ‘sí’ con ataduras más fuertes en tu Voluntad, es más, hazme morir
antes que hacerme salir de tu Voluntad”.
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