(8) “Hija mía, ¿cómo puedo dejarte? Mira cuántas estancias, son casi innumerables; por
cuantos conocimientos, efectos, valores y méritos en mi Voluntad te he hecho conocer, tantas
estancias formaba Yo en ti, para depositar todos esos bienes. No me queda otra cosa, que
agregar alguna que otra variedad de otros diferentes colores para pintar otras raras bellezas de
mi Suprema Voluntad, para dar más realce y honor a mi trabajo. ¿Y tú dudas, pensando que
pudiera dejar tanto trabajo mío? Me cuesta demasiado, está mi Voluntad comprometida, y
donde está mi Voluntad está la Vida, Vida no sujeta a morir. Tu temor no es otra cosa que un
poco de desconfianza de parte tuya, por eso fíate de Mí y estaremos de acuerdo, y Yo cumpliré
el trabajo de mi Voluntad”.
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17-11
Septiembre 6, 1924
Imagen del estado de la Iglesia. Necesidad de purificarla.
(1) Encontrándome en mi habitual estado me he encontrado fuera de mí misma, y con gran
sorpresa mía he encontrado en medio de un camino a una mujer tirada por tierra, toda llena de
heridas y los miembros todos descoyuntados, no había hueso en su lugar. La mujer, si bien tan
maltrecha que parecía el verdadero retrato del dolor, era bella, noble, majestuosa, pero al mismo
tiempo daba piedad el verla abandonada por todos, expuesta a quien quisiera hacerle daño.
Entonces, movida a compasión miraba alrededor para ver si había alguien que me ayudara a
levantarla y ponerla en lugar seguro, y ¡oh! maravilla, junto a mí estaba un joven que me parecía
que fuera Jesús, y juntos la hemos levantado de la tierra, pero a cada movimiento sufría penas
desgarradoras debido al dislocamiento de los huesos. Así, poco a poco la hemos transportado
dentro de un palacio, poniéndola sobre una cama, y junto con Jesús, que parecía que amaba
tanto a esa mujer que quería darle su propia Vida para salvarla y darle la salud, tomábamos en
nuestras manos los miembros dislocados para ponerlos en su lugar; al toque de Jesús los
huesos tomaban su lugar y aquella mujer se transformaba en una bella y graciosa niña. Yo he
quedado asombrada por esto, y Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, esta mujer es la imagen de mi Iglesia. Ella es siempre noble, llena de majestad
y santa, porque su origen está en el Hijo del Padre Celestial; pero a qué estado tan doloroso la
han reducido los miembros a Ella incorporados, no contentos con no vivir santamente, a la par
de Ella, la han llevado en medio de la calle, exponiéndola al frío, a las burlas, a los golpes, y sus
mismos hijos, como miembros dislocados, viviendo en medio de la calle se han dado a toda
clase de vicios; el amor al interés, predominante en ellos los ciega y cometen las más feas
infamias y viven junto a Ella para herirla y gritarle continuamente: ‘Sea crucificada, sea
crucificada’. En qué estado tan doloroso se encuentra mi Iglesia, los ministros que deberían
defenderla son sus más crueles verdugos; pero para renacer es necesaria la destrucción de
estos miembros e incorporarle miembros inocentes, desinteresados, que viviendo a la par con
Ella, regrese bella y graciosa niña, tal cual Yo la constituí, sin malicia, más que sencilla niña,
para crecer fuerte y sana. Esta es la necesidad de que los enemigos inicien la batalla, para que
se purguen los miembros infectados. Tú reza y sufre a fin de que todo redunde para mi gloria”.
(3) Dicho esto me he encontrado en mí misma.
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