ella, y tomando parte en la potencia creadora, hacen hacia Dios y hacia las criaturas el oficio de
mi inteligencia; así si miras, si hablas, mis miradas, mis palabras forman el puesto para recibir
las tuyas y formando una sola corona hacen el oficio de mis miradas y de mis palabras, y así de
todo lo demás. Las almas que viven en mi Voluntad son mis verdaderas repetidoras, mis
inseparables imágenes reproducidas en ellas y absorbidas de nuevo en Mí, para hacer que todo
lo que hacen quede con el sello de que son obras mías y continúen mi mismo oficio”.
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17-10
Septiembre 2, 1924
Cuánto daño causa la desconfianza en el alma.
(1) Me sentía muy oprimida, pero toda abandonada en los brazos de Jesús, y le pedía que
tuviera compasión de mí, pero mientras esto hacía sentí perder los sentidos, y veía que salía de
dentro de mí una pequeña niña, débil, pálida y toda absorta en una profunda tristeza; y Jesús
bendito, yendo a su encuentro la tomaba en sus brazos y moviéndose a piedad se la estrechaba
al corazón, y con sus manos le acariciaba la frente, marcándole con signos de cruz los ojos, los
labios, el pecho, y todo el resto de la pequeña niña; mientras esto hacía la niña se revigorizaba,
adquiría el color y se sacudía del estado de tristeza, y Jesús viendo que la niña readquiría las
fuerzas, se la estrechaba más fuerte para mayormente vigorizarla y le decía:
(2) “Pobre pequeña, a qué estado estás reducida, pero no temas, tu Jesús te hará salir de
este estado”.
(3) Entonces mientras esto sucedía yo pensaba entre mí: “¿Quién será esta niña que ha
salido de mí y que Jesús ama tanto?” Y mi dulce Jesús me ha dicho:
(4) “Hija mía, esta niña es tu alma, y Yo la amo tanto que no tolero verte tan triste y débil, por
eso he venido para infundirte nueva vida y nuevo vigor”.
(5) Entonces yo, al oír esto le he dicho llorando: “Amor mío y vida mía, Jesús, cuanto temo
que Tú me dejes, ¿cómo haré sin Ti? ¿Cómo podré vivir, a qué estado deplorable se reducirá
mi pobre alma? ¡Qué pena tan desgarradora es el pensamiento de que Tú puedas dejarme!
Pena que me lacera, me quita la paz y me pone el infierno en el corazón. Jesús, piedad,
compasión, misericordia de mí, pequeña niña, no tengo a nadie, si me dejas Tú todo habrá
terminado para mí”.
(6) Y Jesús, hablando de nuevo ha agregado: “Hija mía, cálmate, no temas, tu Jesús no te
deja. Yo soy celoso de tu confianza, no quiero que desconfíes mínimamente de Mí. Mira, Yo
amo tanto que las almas estén con toda confianza Conmigo, que muchas veces escondo algún
defecto o imperfección de ellas, o alguna incorrespondencia a mi gracia, para no darles ocasión
de que no estén Conmigo con toda confianza, porque si pierden la confianza el alma queda
como dividida de Mí y toda encogida en sí misma, se pone a distancia de Mí y queda paralizada
en el arrojo del amor, y por eso paralizada en el sacrificarse por Mí. ¡Oh! cuánto daño hace la
desconfianza, se puede decir que es como esa helada primaveral que apaga la vida a las
plantas, y muchas veces si la helada es fuerte las hace aun morir; así la desconfianza, más que
helada detiene el desarrollo a las virtudes y pone el hielo al más ardiente amor; ¡oh! cuántas
veces por falta de confianza quedan detenidos mis designios y las más grandes santidades, por
eso Yo tolero cualquier defecto excepto la desconfianza, porque jamás le pueden producir tanto
daño. Y además, ¿cómo puedo dejarte si he trabajado tanto en tu alma? Mira un poco cuánto
he debido trabajar”.
(7) Y mientras esto decía hacía ver un palacio suntuoso e inmenso, construido por las manos
de Jesús en el fondo de mi alma y después ha agregado:
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