Imágenes del vivir en la Divina Voluntad:
El mar y los peces, la tierra y las plantas.
17-8
Agosto 9, 1924
(1) Después de mucho esperar la presencia de mi adorable Jesús, lo he sentido en mi interior,
que extendía los brazos y me decía:
(2) “Hija mía, extiende tus brazos junto Conmigo en mi Voluntad para reparar por tantos que
extienden sus obras en la voluntad humana, la cual les forma la red de todos los males para
precipitarlos en el abismo eterno, y para impedir que mi justicia se derrame sobre ellos para
desahogar su justo furor, porque cuando la criatura se extiende en mi Voluntad para obrar y para
sufrir, mi justicia se siente tocada por la criatura con la potencia de mi Voluntad, y deja sus justos
rigores, es una vena divina que la criatura hace correr entre Dios y la familia humana, por la cual
mi justicia no puede hacer menos que tener consideración hacia la pobre humanidad”.
(3) Y mientras esto decía, hacía ver cómo las criaturas están preparando una gran revolución
entre los partidos contra el gobierno y contra la Iglesia. ¡Qué destrucción horrible se veía!
¡Cuántas tragedias! Entonces mi dulce Jesús ha continuado hablándome y me ha dicho:
(4) “Hija mía, ¿has visto? Las criaturas no quieren detenerse, la avidez de derramar sangre
no se ha apagado en ellas, y esto hace que mi justicia, con terremotos, con agua y con el fuego
destruya ciudades enteras y haga desaparecer los habitantes de la faz de la tierra, por eso hija
mía, reza, sufre, obra en mi Voluntad, pues sólo esto puede formar un freno para que mi justicia
no explote con sus rayos devastadores para destruir la tierra. ¡Oh, si tú supieras cómo es bello
y deleitable el ver obrar a un alma en mi Voluntad! Una imagen te la pueden dar el padre mar y
la madre tierra, que están tan unidos y vinculados entre ellos, que el agua no puede estar sin la
tierra, y la tierra sería infecunda sin el agua, es como un matrimonio lo que hay entre ellos, por
lo que se puede decir padre al mar y madre a la tierra. Tal unión debería tener el alma con mi
Voluntad. Ahora, ¿qué cosa hay en el mar? Una inmensidad de aguas; ¿quién habita en estas
aguas? ¿A quién alimenta, a quién da vida? A los tantos variados peces que se alimentan,
nadan y serpentean en el inmenso mar. Mira entonces, el mar es uno, pero muchos peces viven
en él; el amor y el celo del mar hacia ellos es tanto, que los tiene ocultos en sí; sus aguas se
extienden arriba, abajo, a derecha e izquierda, si el pez quiere nadar y caminar abre las aguas
y serpenteando se divierte, el agua se deja abrir, pero se estrecha siempre en torno, por abajo,
por arriba, a derecha e izquierda, no lo deja jamás; y por donde pasa se cierra de inmediato
detrás, no dejando vestigio alguno de por donde pasa ni a dónde llega, a fin de que nadie pueda
seguirlo; si quiere nutrirse, el agua se presta a alimentarlo, si quiere dormir, le hace de lecho;
pero nunca lo deja, se cierra siempre a su derredor. Pero con todo esto se ve que en el mar hay
seres que no son las mismas aguas, se ven movimientos, serpenteos formados por estos mudos
habitantes, a los cuales el mar les es vida, y ellos son la gloria, el honor y la riqueza del mar.
Más que pez es el alma que obra y vive en mi Voluntad; mi Voluntad es inmensa, la criatura es
finita, pero a pesar de que es finita tiene su movimiento, su voz, su pequeño camino, y mi
Voluntad viéndola en Ella, es tanto su amor y su celo, que más que mar se extiende encima,
abajo, a derecha e izquierda y se hace vida, alimento, palabra, obra, paso, sufrimiento, lecho,
reposo, habitación de esta afortunada criatura, la sigue por doquier y llega a entretenerse junto
con ella. Podría decir que esas almas son mi gloria, mi honor y la riqueza que produce mi
Voluntad. Este obrar del alma en mi Voluntad es como el nadar y el serpentear del pez en el
mar terrestre, pero el alma lo hace en el mar celeste del Querer Supremo; son los ocultos
habitantes de las olas celestiales, que viven en la herencia inmensa del mar infinito de mi
Voluntad; y así como los peces están ocultos, desaparecidos en el mar, mudos, sin embargo
forman la gloria del mar y sirven como alimento para los hombres, así estas almas parecen
desaparecidas en el mar Divino, mudas, sin embargo forman mi más grande gloria de la