(3) Entonces hemos girado por todo, y Jesús depositaba en mí su amor que contenían las
cosas creadas, y yo haciendo eco a su amor, repetía con Él el te amo de todas las criaturas.
Después ha agregado:
(4) “Hija mía, al crear al hombre le infundí el alma con mi aliento, queriéndole infundir la parte
más íntima de nuestro interior, que es nuestra Voluntad, la cual le daba junto todas las partículas
de nuestra Divinidad que el hombre como criatura podía contener, tanto, de hacerlo una imagen
nuestra; pero el hombre ingrato quiso romper con nuestra Voluntad, y si bien le quedó el alma,
pero la voluntad humana que tomó lugar en vez de la Divina lo ofuscó, lo infectó e hizo inactivas
todas las partículas divinas, tanto, que lo desordenó todo y lo desfiguró. Ahora, queriendo Yo
disponerlo de nuevo a recibir esta mi Voluntad, es necesario que vuelva de nuevo a darle mi
aliento, a fin de que mi aliento le ponga en fuga las tinieblas, las infecciones, y haga de nuevo
obrantes las partículas de nuestra Divinidad que le dimos al crearlo. ¡Oh! cómo quisiera verlo
bello, restablecido como lo creé, y sólo mi Voluntad puede obrar este gran prodigio. Por eso
quiero infundirte mi aliento, a fin de que recibas este gran bien, que mi Voluntad reine en ti y te
vuelva a dar todos los bienes, los derechos que di al hombre en su creación”.
(5) Y mientras esto decía, acercándose a mí me daba su aliento, me miraba, me estrechaba
y después ha desaparecido.
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17-6
Julio 25, 1924
La santidad en el Querer Divino debe ser un acto continuado. Dios
va buscando almas que quieran vivir en la Divina Voluntad para
poner en sus brazos a todas las almas.
(1) Esta mañana mi dulce Jesús se hacía ver en mi interior, en acto de extender los brazos en
forma de cruz, y yo quedaba extendida junto con Él; después me ha dicho:
(2) “Hija mía, el último acto de mi Vida fue el extenderme sobre la cruz y permanecer ahí hasta
que morí con los brazos abiertos, sin poderme mover ni oponerme a lo que querían hacerme.
Yo era el verdadero retrato, la viva imagen de quien vive no de voluntad humana, sino Divina.
Aquél no poder moverme, ni poder oponerme, ese haber perdido todo derecho sobre Mí, la
tensión horrible de mis brazos, ¡cuántas cosas decían! Y mientras Yo perdía los derechos, los
demás hacían adquisición de mi Vida. El primer derecho fue de la Voluntad Suprema, que
haciendo uso de su inmensidad y omnividencia, tomaba todas las almas, inocentes y pecadoras,
buenas y santas, y me las ponía en los brazos extendidos, a fin de que las llevara al Cielo, y Yo
no rechacé a ninguno, así que en mis brazos la Voluntad Divina dio lugar a todos. Ahora, como
la Voluntad Suprema es un acto continuado, nunca interrumpido, y lo que hace una vez no deja
nunca de hacerlo, y si bien mi Humanidad está en el Cielo y no está sujeta a sufrir, va buscando
almas que no se muevan en la voluntad humana sino en la Divina, que no se opongan a nada,
que pierdan todo derecho propio, a fin de que quedando todo derecho en poder de la Divina
Voluntad, continúe su acto de poner en los brazos de quien se presta a extenderse en mi Querer
a todas las almas, pecadores y santos, inocentes y malos, a fin de que repita y continúe lo que
hicieron mis brazos extendidos en cruz. He aquí por qué me he extendido dentro de ti, para que
la Suprema Voluntad continúe su acto de traerme a todos a mis brazos.
(3) La santidad no está formada por un solo acto, sino por muchos actos unidos juntos. Un
solo acto no forma ni santidad ni perversidad, porque faltando la continuidad de los actos, faltan
los colores y las vivas tintas de la santidad, y faltando éstos no se puede dar un peso y un valor
justo ni de la santidad ni de la perversidad. Así que lo que hace refulgir y pone el sello a la
santidad son los actos buenos continuados. Nadie puede decir que es rico porque posee una