(3) Yo al oír esto he dicho: “¿Acaso sabe usted que he escrito cosas desordenadas hasta
ahora?”
(4) Y el confesor: “No, no, pero sé atenta para el futuro, haz que las cosas que escribes sean
claras y simples como te las dice Jesús, y nada omitas, porque basta una pequeña frase, una
palabra que falte de las que te dice Jesús, o que la escribas diversamente, para que falte el
orden; porque esas palabras servirán para dar luz, para hacer comprender con más claridad, y
para ligar el orden de las verdades que el buen Jesús te manifiesta. Tú eres fácil a omitir algunas
pequeñas cosas, mientras que las cosas pequeñas unen a las grandes, y las grandes a las
pequeñas, por eso sé atenta en el futuro para que todo esté ordenado”.
(5) Dicho esto ha desaparecido y yo he quedado un poco pensativa. Después estaba
abandonándome toda en el santo Querer Divino, y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me
ha dicho:
(6) “Hija mía, cómo es bello ver a un alma obrar en mi Voluntad, ella sumerge su acción, su
pensamiento, su palabra en mi Voluntad, es como una esponja que impregnándose de todos los
bienes que el Querer Supremo contiene, se ven en el alma tantos actos divinos que irradian luz,
y casi no se sabe distinguir si son actos del Creador o de la criatura, y como se han impregnado
de esta Voluntad eterna, han absorbido en ellos la potencia, la luz y el modo del obrar de la
Majestad Eterna. Mírate cuán bella te ha hecho mi Querer; y no sólo esto, sino que en cada
acto tuyo me encierro a Mí mismo, porque encerrando a mi Querer, todo encierras”.
(7) Yo me he mirado, y ¡oh! cuánta luz salía, pero lo que más me ha impresionado y dado
gusto ha sido ver a mi Jesús encerrado en cada acto mío, su Voluntad lo aprisionaba en mí.
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17-3
Junio 20, 1924
La Divina Voluntad contiene la plenitud de la felicidad. Cuando
la criatura viva en la Divina Voluntad, entonces la caridad y
todas las virtudes alcanzarán la completa perfección.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, me he encontrado fuera de mí misma junto con mi
dulcísimo Jesús, Él era todo bondad y todo admirable; me ha tomado mis manos entre las suyas
y se las ha estrechado fuerte a su pecho, y todo amor me ha dicho:
(2) “Querida hija mía, ¡si supieras qué placer, qué gusto siento al hablarte de mi Voluntad!
Cada cosa de más que te manifiesto sobre mi Querer es una felicidad que hago salir de Mí, y
que comunico a la criatura, y Yo me siento más feliz en ella en virtud de mi misma felicidad,
porque la especialidad característica de mi Voluntad es precisamente esta: ‘Hacer felices a Dios
y al hombre’. ¿No recuerdas hija mía cuánto placer tomábamos juntos, Yo al hablarte y tú al
escucharme, y cómo nos hacíamos felices recíprocamente? Y siendo mi Voluntad la única que
contiene el germen de la felicidad, Yo con manifestarla y el alma con conocerla formamos la
planta y los frutos de la verdadera felicidad imperecedera y eterna que no disminuye ni termina
jamás, y no sólo nosotros, sino también aquellos que escuchan o leen las cosas admirables y
sorprendentes de mi Querer sienten el dulce encanto de mi felicidad. Por eso, para hacerme
feliz en mis obras quiero hablarte de la nobleza de mi Voluntad, y hasta dónde puede llegar el
alma y qué debe encerrar si da entrada en su alma a mi Voluntad. La nobleza de mi Voluntad
es divina, y como es del Cielo, Ella no desciende sino en quien encuentra un noble cortejo, y por
eso la primera que le dio la entrada fue mi Humanidad; Ella no se contenta con poco, sino que
quiere todo porque quiere dar todo, ¿y cómo puede dar todo si no encuentra todo para poder en
él poner todos sus bienes? Así mi Humanidad le dio el santo y noble cortejo y Ella concentró en
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