merced del dolor de quedar privada de Mí; habiendo Yo establecido el manifestarte en modo
especial tantas cosas sobre mi Voluntad, debía dejarte en poder de un continuo dolor divino,
porque mi Voluntad es Divina y sólo sobre un dolor divino podía fundar su trono y extender su
dominio, y poniéndose en actitud de maestro comunicaba el conocimiento de mi Voluntad, por
cuanto a criatura es posible. Muchos se maravillarán al oír mis continuas visitas que te he hecho,
lo que no he hecho con los demás, y tu continuo dolor de mi privación. Si tú no me hubieras
visto tantas veces, no me habrías conocido ni amado tanto, porque cada visita mía lleva un
conocimiento de más de Mí y un nuevo amor, y por cuanto más el alma me conoce y me ama,
tanto más el dolor se duplica, y Yo al venir iba haciendo más fuerte tu dolor, porque quiero que
a mi Voluntad no le falte el noble cortejo del dolor, que constituye al alma firme y fuerte, tanto,
de poder mi Voluntad formar en ella mi estable morada y darle lecciones nuevas y continuas
sobre mi Voluntad. Por eso, te lo repito, déjame hacer y confía en Mí”.
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16-65
Junio 1, 1924
El gran bien que lleva al alma el recuerdo de
todo lo que Jesús hizo, dijo y sufrió en su Vida.
(1) Esta mañana me he encontrado fuera de mí misma, y veía a mi último confesor difunto
circundado de muchas personas que estaban todas atentas y como raptadas al escucharlo, y él
que decía y decía y se inflamaba tanto que hacía inflamarse a los demás. Yo me he acercado
para oír lo que decía, y con sorpresa mía oía que estaba diciendo todo lo que mi bendito Jesús
me había dicho, sus finezas de amor, sus tantas condescendencias de Jesús hacia mí, y cuando
hablaba de las estratagemas del amor de Jesús hacia mí, él manaba luz, tanta, de quedar
transfundido no sólo él en esa luz, sino también aquellos que lo escuchaban. Yo he quedado
maravillada y decía entre mí: “El confesor no sólo lo ha hecho en vida, el decir las cosas de mi
alma a los demás, sino también después de muerto lo sigue haciendo en la otra vida”. Y
esperaba que terminara de hablar para poderme acercar a él y decirle una dificultad mía, pero
no terminaba, y me he encontrado de nuevo en mí misma.
(2) Después, según mi costumbre he seguido a mi amado Jesús en su Pasión,
compadeciéndolo, reparándolo y haciendo mías sus penas, y Jesús, moviéndose en mi interior
me ha dicho:
(3) “¡Hija mía, cuánto bien procura al alma el recordarse de Mí y de todo lo que hice, sufrí y
dije en mi Vida! Ella, con compadecerme y haciendo suyas mis intenciones y recordando una a
una mis penas, mis obras, mis palabras, las llama en sí y las dispone en bello orden en su alma,
de manera que viene a tomar los frutos de todo lo que Yo hice, dije y sufrí, y esto produce en el
alma una especie de humedad divina, donde el sol de mi gracia se deleita en surgir y en formar,
en virtud de esa humedad, el rocío celestial, y este rocío no sólo embellece al alma de modo
maravilloso, sino que tiene virtud de mitigar los rayos del sol ardiente de la Divina Justicia,
cuando encontrando a las almas quemadas por el fuego de la culpa está por golpearlas, por
quemarlas y secarlas de más; este rocío divino templando aquellos rayos, se sirve de ellos para
formar el rocío benéfico para no hacer castigar a las criaturas y se constituye en humedad vital
para no dejarlas secar. ¡Oh! cómo simboliza a la naturaleza, cuando después de un día de sol
ardiente las plantas están por secarse, pero basta una noche húmeda para que surgiendo de
nuevo el sol sobre aquella humedad forme su rocío, y en vez de hacerlas perecer, su calor sirve
para fecundarlas y llevar a su fin la maduración de los frutos. Más sorprendente es en el orden
sobrenatural, El recuerdo es el principio de un bien, el recuerdo forma tantos sorbos al alma para