los efectos, el valor, los bienes y las cosas sublimes que contiene mi Querer, y conforme el alma
recorra el mismo camino de mi Fiat, quedará de tal manera sublimada, divinizada, santificada,
enriquecida, de dejar estupefactos Cielo y tierra al ver el portento de mi Fiat obrante en la
criatura, porque en virtud de mi Voluntad saldrán de Mí gracias nuevas nunca salidas, luz más
fulgurante, portentos inauditos y nunca vistos. Yo hago como un maestro cuando enseña a su
discípulo las ciencias que él conoce, el cual, si enseña a su discípulo es porque quiere hacer de
él otro maestro como él mismo. Así hago Yo, si mi lección sublime fue mi primera palabra Fiat,
mi oración enseñada fue el Fiat como en el Cielo así en la tierra, ahora, habiendo pasado a darte
más extensas, más claras y más sublimes las lecciones sobre mi Voluntad, es que quiero que
el discípulo adquiera no sólo la ciencia de Ella, sino que llegando a ser maestro, no sólo enseñe
a los demás, sino que adquiera mis propiedades y mis bienes, mis alegrías y mi misma felicidad,
por eso sé atenta y fiel a mis enseñanzas y no te separes jamás de mi Voluntad”.
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16-64
Mayo 29, 1924
Dolor de los Apóstoles al ver subir a Jesús al Cielo. Bien que produjo
este dolor. Lecciones a Luisa sobre el dolor de la privación de Jesús.
(1) Estaba pensando cuando mi dulce Jesús se fue al Cielo en su gloriosa Ascensión, y por
tanto en el dolor de los apóstoles al quedar privados de tanto bien; y mi dulce Jesús moviéndose
en mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, el dolor más grande de los apóstoles en toda su vida fue el quedar privados de
su Maestro; conforme me veían subir al Cielo su corazón se consumía por el dolor de mi
privación, y mucho más agudo y penetrante fue este dolor porque no era un dolor humano, una
cosa material lo que perdían, sino un dolor divino, era a Dios que perdían, y si bien Yo tenía mi
Humanidad, pero como resucitó, estaba espiritualizada y glorificada, por lo tanto todo el dolor
fue en sus almas, que penetrándolos todos se sentían consumir en el dolor, tanto, de formar en
ellos el más desgarrador y doloroso martirio, pero todo esto era necesario para ellos; se puede
decir que hasta entonces no eran otra cosa que tiernos niños en las virtudes y en el conocimiento
de las cosas divinas, y de mi misma Persona, podría decir que estaba en medio de ellos y no
me conocían ni me amaban de verdad, pero cuando me vieron subir al Cielo, el dolor de
perderme rompió el velo y conocieron con certeza que Yo era el verdadero Hijo de Dios; el dolor
intenso de no verme más en medio de ellos les hizo nacer la firmeza en el bien, la fuerza para
sufrir todo por amor de Aquél que habían perdido, les parió la luz de la ciencia divina, les quitó
los pañales de la infancia y los formó hombres intrépidos, no más miedosos sino valerosos. El
dolor los transformó y formó en ellos el verdadero carácter de apóstoles; lo que no pudieron
obtener con mi presencia, lo obtuvieron con el dolor de mi privación.
(3) Ahora hija mía, una pequeña lección para ti: Tu vida se puede decir un continuo dolor de
perderme y un continuo gozo de adquirirme, pero entre el dolor de la pérdida y el gozo de
adquirirme, ¿cuántas sorpresas no te he hecho? ¿Cuántas cosas no te he dicho? Ha sido el
dolor y el doloroso martirio de mi pérdida lo que te preparaba y te disponía a escuchar las
sublimes lecciones sobre mi Voluntad; en efecto, ¿cuántas veces te parecía haberme perdido y
mientras tú estabas inmersa en tu desgarrador dolor, Yo volvía a ti con una de las más bellas
lecciones sobre mi Voluntad y hacía regresar el nuevo gozo de mi adquisición, para disponerte
de nuevo al traspasante dolor de mi ausencia? Puedo decir que el dolor de quedar privada de
Mí ha parido en ti los efectos, el valor, los conocimientos, el fundamento de mi Voluntad. Era
necesario comportarme contigo de este modo, esto es, venir frecuentemente a ti y dejarte a
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