criaturas se encuentra aislada, ofendida, sin poder desarrollar los bienes que contiene y formar
en ellas una vida de Sí y para Sí; en cambio donde encuentro que la criatura se presta a no
querer otra vida sino sólo la de mi Voluntad, se encuentra en compañía, es amada, desarrolla
los bienes que contiene y goza al ponerlos en común con el alma para formar en ella una Vida
de Sí y para Sí, y Yo encontrando mis cosas en el alma, esto es, mi santidad, mi luz y mi misma
Voluntad obrante en ella, me encuentro con los honores y decoro como me encontraba en mi
Humanidad cuando estuve en la tierra, en la cual mi Divinidad, viviendo en Ella, estaba como
escondida y cubierta con el vestido de mi Humanidad. Así me cubro con el vestido del alma que
hace mi Voluntad, vivo escondido en ella como en mi centro, y desde dentro de ella veo los
males de las criaturas y lloro y rezo por ellas. Y viendo que una de la misma estirpe de ellas
tiene por vida mi Voluntad aun estando en la tierra, ¿cuántos males y castigos no evito por causa
de ella? Cuántas veces estoy a punto de destruirlas y de terminar con ellas por los tantos males
que cometen, pero con sólo mirarte, y mirando en ti mi Voluntad y la fuerza de Ella, me escondo
de nuevo y me abstengo. Por eso hija mía, paciencia, y haz que mi Querer tenga siempre vida
completa en ti”.
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16-61
Mayo 13, 1924
La verdadera adoración consiste en el acuerdo de la voluntad
humana con la Divina. El verdadero modelo de la
adoración es la Santísima Trinidad.
(1) Estaba haciendo mis habituales oraciones, y mientras toda me abandonaba en los brazos
de la Voluntad Suprema, intentaba hacer en Ella mis adoraciones a la Majestad Divina, y mi
Jesús moviéndose en mi interior tomaba mi pobre alma en sus brazos, y elevándola entre el
Cielo y la tierra adoraba junto conmigo al Ente Supremo, y después me ha dicho:
(2) “Hija mía, la verdadera y perfecta adoración está en el acuerdo completo de la unión de la
Voluntad de Dios con el alma. Por cuanto más el alma hace una su voluntad con la de su
Creador, tanto más es completa y perfecta su adoración, y si la voluntad humana no es una con
la Divina, mucho más si está de Dios lejana, no se puede decir que es adoración, sino sombra,
o bien como una tinta sin color, que no deja ni siquiera el rastro; y si la voluntad humana no está
dispuesta a recibir el beso de la unión de la Voluntad Suprema, en vez de adoración puede ser
insulto y desprecio. El primer acto de adoración es el de reconocer la Voluntad de su Creador
para cumplirla, si esto no está, con las palabras se adora pero con los hechos se insulta y se
ofende. Si quieres conocer el verdadero y perfecto modelo de la adoración, ven Conmigo en
medio a las Tres Divinas Personas”.
(3) Yo no sé cómo, Jesús me ha estrechado más y me ha elevado más en alto, en medio de
una luz interminable. Yo me sentía aniquilar, pero sobre mi aniquilamiento venía sustituida una
Vida Divina, que haciendo salir de Sí tantas variadas tintas de belleza, de santidad, de luz, de
bondad, de paz, de amor, etc., de modo que mi nada quedaba transformada por aquellas tintas
divinas, tanto, de no reconocerse más y de enamorar a Aquél mismo que me había embellecido
tanto. Y mi dulce Jesús ha continuado diciéndome:
(4) “Mira hija mía, el primer acto de las Divinas Personas es el acuerdo perfecto de nuestra
Voluntad, y está tan unificada nuestra Voluntad, que no se puede discernir cuál sea la Voluntad
de Uno o del Otro, tanto que si bien nuestras Personas son distintas, somos Tres, pero la
Voluntad es una, y esta Voluntad una produce un acto continuado de perfecta adoración entre
las Divinas Personas; la Una adora a la Otra. Este acuerdo de Voluntad produce igualdad de
santidad, de luz, de bondad, de belleza, de potencia, de amor, y establece en Nosotros el