todo, pero debes saber que te pongo en el centro de mi Querer, a fin de que tu sueño sea
también un obstáculo a mi justicia, que quiere justamente desahogarse contra el hombre”.
+ + + +
16-58
Abril 11, 1924
Continúan las amenazas. Jesús no fuerza a nadie, sino que
pasa adelante cuando el alma no está pronta a darle entrada.
(1) Continúo sintiéndome aturdida y adormecida, mis potencias no comprenden más nada, y
si alguna cosa comprendo en algún momento de intervalo, de vigilia, siento una sombra en
torno a mí que oscureciéndome toda, hasta las más íntimas fibras, me hace suspirar y querer
el Santo Querer Divino. ¡Oh, cómo temo que pudiese salir de su Santísima Voluntad! Luego,
impresionada como estaba por los castigos que Jesús me había dicho y por la vista del
trastorno de las cosas creadas, se ha agregado que he oído de algunas personas los graves
males sucedidos en estos días pasados en varias partes del mundo, hasta la destrucción de
regiones enteras, pero mientras esto sentía, mi Jesús en mi interior, moviéndose me ha dicho:
(2) “Hija mía, es nada aún, seguiremos adelante en purificar la faz de la tierra, me da mucha
repugnancia verla, tanto que no puedo sostener la vista”.
(3) Yo he quedado más que nunca oprimida, y el cuadro horrible del trastorno de la
naturaleza visto en días pasados, se hacía vivo ante mi mente. Entonces, volviendo según mi
costumbre a la oración decía a mi amable Jesús: “Ya que has resuelto echar mano a los
castigos y yo no puedo hacer nada, ni sufrir, ni evitar a las gentes los males que merecen,
podrías librarme de este estado de víctima, o bien suspenderme por algún tiempo, al menos
evitaría el fastidio a los demás”.
(4) Y Jesús: “Hija mía, no quiero disgustarte, si tú quieres que Yo te suspenda, lo hago”.
(5) Y yo, temiendo hacer mi voluntad, he agregado de inmediato: “No, no amor mío, no
debes decirme si quieres tú, sino que debes decirme, soy Yo que quiero suspenderte de este
estado, no debe venir de mi voluntad sino de la tuya, entonces aceptaría, así que no para
contentarme a mí, sino para hacer que tu Voluntad se cumpla en mí”.
(6) Y Jesús de nuevo: “No quiero disgustarte, quiero contentarte, si quieres que te suspenda
lo hago, pero has de saber que mi justicia quiere hacer su curso, y tú y Yo debemos ceder en
parte. Hay ciertos derechos de justicia de los cuales no se puede hacer menos, pero como te
he puesto en el centro de mi Voluntad, en este estado de víctima, aun cuando ahora duermas,
ahora sufras, ahora reces, es siempre un obstáculo a mi justicia para impedir el curso a la casi
total destrucción de las cosas, porque no se trata sólo de castigos, sino de destrucción. Pero
debes saber que no quiero forzarte, lo forzado no me ha agradado jamás, tanto que cuando vine
a la tierra y quise ir a nacer a Belén, fui, sí, llamando de puerta en puerta para tener un lugar
dónde nacer, pero no forcé a ninguno; si hubiera querido, con mi potencia habría usando la
fuerza para tener un lugar menos incómodo donde nacer, pero no quise, me contenté sólo con
tocar y pedir alojamiento, y sin insistir pasaba adelante a tocar otras puertas; y como ninguno
me quiso recibir, me contenté con ir a nacer en una cueva, donde las bestias me dieron libre
entrada e hicieron las primeras adoraciones a su Creador, antes que forzar a alguien a darme
entrada. Pero mucho costó a los betlemitas este rechazo, porque no tuvieron más el bien de
que mis plantas pisaran sus tierras, ni de verme nunca más en medio de ellos. A Mí me agradan
las cosas espontáneas, no forzadas; me agrada que el alma haga suyo lo que Yo quiero y como