Voluntad obrante en él, que formando en él mi sombra, debía hacerme encontrar mi reposo y el
cumplimiento de mis obras. Pero esto me fue negado pues no quiso hacer mi Voluntad, y hasta
en tanto que no encuentre quién quiera vivir de mi Voluntad, que forma en el alma la sombra de
mi imagen, no encontrando mi sombra no puedo reposar, porque no puedo cumplir mis obras y
dar la última pincelada divina a toda la Creación. Por eso la tierra tiene necesidad de ser purgada
y renovada, pero con purgas fuertes, tanto que muchos dejarán la vida. Tú ten paciencia y sigue
siempre mi Voluntad”.
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16-57
Abril 8, 1924
Amenaza de castigos. Aun el sueño en la Divina
Voluntad es un dique a la Justicia Divina.
(1) Las privaciones de mi dulce Jesús continúan, y yo paso mis días en un purgatorio viviente,
me siento morir y no muero; lo llamo, deliro, pero en vano; en mi interior siento desarrollar una
escena trágica, que si se pudiera ver en el exterior se moverían a piedad aun las piedras y
romperían en llanto. Pero, ay de mí, ninguno se mueve a piedad, ni siquiera Jesús que decía
que me amaba tanto. Mientras me encontraba en el colmo de mis penas, mi amado Jesús, mi
vida, mi todo, se ha movido en mi interior y haciéndome cuna con sus brazos y meciéndome
decía:
(2) “A la ru ru niña. Hija mía, duerme en los brazos de tu Jesús. A la ru ru niña, pequeñita
mía”.
(3) Y como veía que mientras me adormilaba me despertaba, repetía de nuevo: “A la ru ru
niña, hija mía”. Entonces yo, no pudiendo resistir, no queriendo y llorando he caído en un
profundo sueño. Después de horas y horas de sueño sin que me pudiera despertar, mi dulce
Jesús estrechándome fuerte se apoyaba en mi corazón, haciéndome sentir un peso enorme que
me aplastaba, pero a pesar de esto no me podía despertar. ¡Oh, cuántas cosas habría querido
decirle, pero el sueño me lo impedía! Entonces, después de mucho penar, entre la vigilia y el
sueño he visto que mi bien Jesús sufría mucho, tanto que quedaba como ahogado en las penas,
y le he dicho:
(4) “Amor mío, Tú sufres mucho, hasta ahogarte, y mientras quieres que yo duerma. ¿Por
qué no me dejas sufrir junto Contigo? Y si quieres que duerma, ¿por qué no duermes Tú junto
conmigo?”
(5) Y Jesús todo afligido me ha dicho: “Hija mía, son tantas las ofensas que me hacen, que
me siento ahogar de penas, y si te quisiera hacer tomar parte, no habrías podido resistir y
continuar viva; ¿no sientes el peso que me dan, hasta aplastarme, porque estando en ti me
resulta inevitable no hacerte partícipe? Y si Yo quisiera dormir junto contigo, mi justicia se
desahogaría libremente contra el hombre y el mundo rodaría”.
(6) Y mientras decía esto Jesús ha cerrado los ojos, y el mundo parecía que rodara y que
todas las cosas creadas salían del orden de la Creación; el agua, el fuego, la tierra, los montes,
etc., se atropellaban entre ellos y se volvían homicidas y nocivos al hombre; ¿quién puede decir
las grandes desgracias que sucedían? Yo, llena de miedo he gritado: “¡Jesús, abre los ojos, no
duermas! ¿No ves cómo todas las cosas se trastornan y se ponen en desorden?”
(7) Y Jesús de nuevo: “¿Has visto hija mía? No puedo dormir, si supieras cuántos males
han sucedido sólo con cerrar los ojos. A ti te es necesario el sueño para no verte sucumbir del
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