(6) Ahora, mientras esto decía, me he encontrado fuera de mí misma en brazos de un
sacerdote, pero mientras que la persona parecía sacerdote, la voz me parecía de Jesús, el
cual me ha dicho:
(7) “Haremos un camino larguísimo, sé atenta a lo que ves”.
(8) Y caminábamos sin tocar la tierra, primero yo lo llevaba a Él en brazos, pero como me
seguía un perro como si me quisiera morder, yo tenía temor, y para quitarme el temor hemos
cambiado posición, Él me llevaba a mí y le he dicho: “¿Por qué no lo has hecho antes? Me
has hecho sentir tanto miedo, y yo no te decía nada porque creía que era necesario que te
llevara yo, ahora estoy contenta, porque estando yo en brazos no me podrá hacer nada”. Y yo
decía: “Me lleva en brazos Jesús”.
(9) Y Él repetía: “Llevo entre mis brazos a Jesús”.
(10) Pero el perro seguía todo nuestro camino, y me ha tomado un pie con el hocico, pero
sin mordérmelo. El camino ha sido muy largo y yo preguntaba con frecuencia: “¿Cuánto
camino nos falta?” Y Él: “Otras 100 millas”. Después, preguntando de nuevo ha dicho:
“Otras 30”, y así hasta que hemos llegado a la ciudad. ¿Y ahora quién puede decir lo que a lo
largo del camino se veía? Dónde pueblos reducidos a montones de piedras, dónde lugares
inundados y pueblos sepultados en las aguas, dónde se desbordaban los mares, dónde los
ríos, dónde se abrían vorágines de fuego; me parecía que todos los elementos se ponían de
acuerdo entre ellos para dañar a las generaciones humanas y formaban sepulturas para
sepultarlas. Pero lo que más se veía a lo largo del camino y que más daba horror y espanto,
era el ver los males de las criaturas, todo era tinieblas que salían de ellas, pero tinieblas
densas, acompañadas de un tufo corrompido y venenoso; eran tantas las tinieblas que
muchas veces no se podía discernir que punto era, todo parecía fingimiento, doblez, y si algún
bien había, era todo superficial y aparente, pues dentro anidaban los vicios más feos y urdían
las tramas más insidiosas, que disgustaban mayormente al Señor que si abiertamente hicieran
el mal, y esto en toda clase de personas. ¡Qué clase de polilla que corroe toda la raíz del bien!
En otros puntos se veían revoluciones, asesinar a las personas a traición, ¿pero quién puede
decir todo lo que se veía? Entonces yo cansada de ver tantos males repetía a menudo: ¿Y
cuándo terminaremos este largo camino? Y quien me llevaba, todo pensativo, respondía:
“Otro poco, no has visto todo aún”. Finalmente, después de muchas fatigas me he encontrado
en mí misma, en mi lecho, y mi dulce Jesús que continuaba lamentándose porque sufría
mucho, extendiéndome los brazos me ha dicho:
(11) “Hija mía, dame un poco de reposo, porque no puedo más”.
(12) Y apoyando su cabeza sobre mi pecho parecía que quería dormir, pero su sueño no era
un sueño tranquilo, y yo no sabiendo qué hacer, me he recordado de la Santísima Voluntad,
donde hay pleno reposo y le he dicho:
(13) “Amor mío, extiendo mi inteligencia en tu Voluntad para poder encontrar tu inteligencia
increada, de manera que extendiendo la mía en la tuya hago sombra a todas las inteligencias
creadas, de modo que sentirás tu sombra interpuesta a todas las mentes creadas, y así podrás
encontrar reposo a la santidad de tu inteligencia; extiendo mis palabras en tu Fiat para poder
interponer entre las voces humanas la sombra de aquel Fiat Omnipotente, y así podrá reposar
tu respiro, tu boca; extiendo mis obras en las tuyas para interponer entre las obras de las
criaturas la sombra y la santidad de las tuyas, para dar reposo a tus manos; extiendo en tu
Voluntad mi pequeño amor para hacerte la sombra de tu inmenso amor, que interpongo entre
todos los corazones para dar reposo a tu corazón acongojado”.
(14) Por tanto, conforme esto iba diciendo, mi Jesús se tranquilizaba y tomaba un dulce sueño.
Después de algún tiempo se ha despertado, pero calmado y estrechándome me ha dicho:
(15) “Hija mía, he podido reposar porque me has circundado con la sombra de mis obras, de
mi Fiat y de mi amor; este es el reposo que Yo dije después de haber creado todas las cosas, y
como el hombre fue el último que fue creado quería reposarme en él, esto es, en virtud de mi